Hasta que un día fui a buscarte y te encontré, Selena…

Alberto miraba a su jefe y sentía por dentro una mezcla de bronca y desilusión. Una vez más le hablaban de paciencia y de comprensión. Y él sólo quería que lo comprendieran a él. Alberto no le hablaba de un ascenso ni mucho menos de un aumento de sueldo. Nunca le interesó ser jefe y con el tiempo ni siquiera sabía lo que ganaba. Le había dejado el manejo de sus finanzas a su esposa. Nunca tuvo idea de por qué estaba allí y para qué. Estaba más que claro que lo suyo era crear y jugar con sus fantasías. Pero nunca se lo permitió hacer. Siempre se consideró un inútil y un incapacitado. Pero él sabía que eso no era cierto. Su familia siempre se lo hizo sentir, lo que le quitó casi toda su autoestima. Y con el tiempo usó como excusa su incapacidad para no atreverse a hacer lo que quería, a ser feliz siendo como era aunque a la mayoría no le gustaba. Alberto miraba a su jefe y volvía a sentir ese sentimiento que más le molestaba: la injusticia. “¡¡Ay!! Lo que pasa es que eres de Leo. Y a todos los leoninos no les gusta ni las mentiras ni la falsedad”, le decía una compañera de trabajo, de las pocas que le hablaba y que, mal que mal, le demostraba que creía en él. “No entiendo cómo la gente cree en el Horóscopo como si fuera una ciencia exacta. Susana me habla como si todos los del mismo signo son iguales y nadie es igual. Mi hermano es leonino como yo y somos tan distintos, estamos tan distantes…”, se decía Alberto, con aire de melancolía. Veía a su alrededor y se lamentó no hacerle caso a una persona que mucho tiempo atrás trabajó en ese lugar por sólo un par de meses, pero que antes de irse le dijo: “Alberto. No seas tonto. Este ambiente no es para ti. ¡¡Haz lo que te gusta!! No gastes más tiempo en este triste lugar. Tú tienes mucho para dar y sé que muchos te lo agradecerán…”. Alberto sintió que el mundo le daba vueltas y por varias horas no pudo trabajar. Sabía que ese muchacho tenía razón, pero como siempre no se animó a pegar el gran salto. Incluso por esas épocas había escrito una nota periodística que hablaba de los bares lindantes con las canchas de fútbol y le había encantado a uno de sus profesores de la carrera de periodismo. Tanto le gustó que un día lo llamó al trabajo y le pidió la nota para publicarlo un domingo en reemplazo de una nota que hablaba de la actividad de aviación y de los pilotos de aviones, que parecía que no iba a ser publicada simplemente porque el autor parecía que no iba a llegar a terminarla … La cuestión es que llegó el fin de semana y salió la bendita nota de los aviones y no la suya … Corría 1992 en su Buenos Aires querido y durante un tiempo él compraba el diario los domingos para ver si aparecía su nota … Y no salió … No salió nunca … Y nunca también quiso preguntar por qué y no quiso tampoco pelear por ese artículo periodístico que lo hizo gracias a su gran poder de percepción y de observación de la realidad … A Alberto le parecía que eso no correspondía y era de los últimos sobrevivientes que hablaba de códigos, de conducta, de ética y de coherencia. Y eso siempre lo enorgullecía … Ahora veía a su jefe y se preguntaba lo que debió haberse interrogado antes: qué hacía allí, para qué estaba, qué sentido tenía estar en el medio de tanto excremento que crea la gente que está a su alrededor, y que se baña y bebe en ella. Allí Alberto veía su foto y sus notas de Selena, y se refugiaba en ellas para no sumirse en una profunda depresión. Muchas veces se preguntó y hasta otros le preguntaron por qué se sentía identificado con ella, que tenía Selena que no tenía otras, qué encanto poseía Selena que la hacía lo más importante de su vida. “Selena era una mujer encantadora, talentosa, hermosa, con personalidad, carismática, auténtica, trabajadora, defensora de la verdad y amante del trabajo y de la superación. Ella había llegado con su canto, con su baile, con su música siendo tal cual era y sin venderle ningún personaje a nadie. Selena llegó a ser una gran artista y muy popular sin que nadie le regalara nada. Ella quería que la amaran por lo que era y no por las apariencias. Selena quería mostrarse con lo bueno y con lo malo, y que la comprendieran y apreciaran por lo que hacía. Selena no quería dádivas, sólo lo que le pertenecía por derecho propio. Logró que la quisieran por su voz y por su persona. Nadie la quiso por conveniencia, todos deseaban lo mejor para ella. Pero bastó que se filtrara una psicópata en forma de fan y le quitó todos sus sueños, toda su obra, toda su vida. ¿Qué se puede esperar de este mundo sin rumbo si pasan estas cosas, si siempre ganan los malos, si siempre gana el que es más hábil, al que sólo le importa el fin y no los medios, él que sólo busca ver cómo vivir bien a costa de los demás? Cuando supe lo que había sucedido con Selena dejé de creer en que podía haber vida después de la muerte y en divinidades … Nada tiene sentido, como este mundo…”, se decía una y otra vez Alberto, mientras miraba a su alrededor. Si ya creía poco en algo, dejó de creer el día en el que una mujer que irrumpió en su vida 6 años atrás y a la que no le habla de hacía 5, lo denunció ante una mujer que ni era su jefe de maltrato y de intento de violencia de género. Por supuesto que quedó en la nada, porque sabía que no era cierto, y al no ser cierto obviamente no había pruebas. Si al menos lo hubiese acusado en aquel momento de que no le hablaba desde hacía mucho tiempo “y que eso le afectaba su rendimiento en el trabajo”, aunque supiera que era una estrategia, lo hubiese soportado porque eso sí era verdad … Pero a Alberto eso no lo contentaba ni lo aliviaba … La mancha a su persona, las calumnias sobre su conducta, su exposición frente a los demás expresada por cambios de lugares de trabajo “por precaución” lo indignaba y, lo que es peor, el quedar bajo las habladurías y mentiras de los demás, lo condicionaba en su manifestación espontánea hacia todo. Pero para Alberto por suerte estaba Selena y se refugiaba en ella escribiéndole, viendo sus conciertos, comprando sus discos, leyendo cuanta cosa hubiera de ella. En un punto Selena sucumbió por el mismo motivo que el que padecía Alberto … Sólo que él se dio cuenta de todo cuando decidió no hablarle más a Cristina, su compañera de trabajo, y alejarse bien de ella, al punto de pedirle a su jefe un cambio de piso para estar lo más lejos posible de su campo de visión. Pero eso a Alberto no le sirvió de mucho, pues Cristina se las ingenió para aparecer por el piso en el que estaba para hacerse amiga de uno de sus compañeros de trabajo para luego ponerse de novia, casarse y tener hasta un hijo … En otro momento de su vida le hubiese parecido todo una locura y si se lo contaban hubiese pensado que era obra de un gran guionista de cine. Pero era real, y encima él, que sabía lo que le había sucedido a Selena, podía saber qué significaba estar frente a esa clase de personas. Alberto leyó más de una vez notas dando innumerables interpretaciones sobre cómo se dio ese absurdo asesinato. Leyó de dobles vidas, de vidas apasionadas, de escándalos amorosos, de intereses, de explotación … hasta de lesbianismo … Nada de eso tenía que ver con este triste final... Alberto se dio cuenta de que muchos pueden explicar este tipo de desgracias con ese tipo de historias, con esa clase de explicaciones, con ese grado de escándalo … Pero él comprendía que con el correr del tiempo y del avance de la tecnología y de las comunicaciones, había cada vez más psicópatas entre el común de la gente y de esquizoides en cada lugar en el que cada uno se mueve en la vida… Así se entendía la partida de Selena … Alberto supo, cuando se interiorizó en la explicación de ese crimen, que no había terceras personas, ni amantes, ni dinero, ni ambiciones, ni asuntos de drogas ni de ajuste de cuentas … Sólo se trató de la obra de una psicópata, de una persona que se creyó con derecho para decidir sobre la vida de Selena, que no aceptaba matices, que todo lo veía blanco o negro, y que todos debían someterse a sus caprichos … Alberto lo entendía todo, un poco por su historia familiar, porque la fascinaba la psicología, y porque había padecido el obrar de Cristina … Alberto que en sus casi 45 años creyó haber visto casi todo en materia de mentes humanas se encontró con el obrar maestro de una psicópata de manual como lo era Cristina, y hasta pudo sentir esa horripilante sensación de darse cuenta después de un buen tiempo que no sólo no se controla a una persona así con poner límites bien precisos, que ninguna medida de seguridad repele su accionar, sino que al cabo de un tiempo y en un buen día uno se siente moviéndose como marioneta al compás de las manos mágicas de esas maquiavélicas personas. Alberto no podía aún hoy explicar cómo llegó a estar pendiente de ella, sometido a ella, querido por ella, maltratado por ella. Y también podía explicarse cómo esas personas logran tener una gran popularidad en cualquier lugar y gozar del beneplácito de tanta gente que sale con vehemencia a defenderla hasta de lo imposible … Cuando veía que nadie podía creer que esa mujer le quitara los sueños a Selena, que parecía tan cariñosa, tan leal, tan trabajadora, tan servicial, tan admiradora de Selena, Alberto pensaba en cómo había llegado a su vida Cristina y no le sorprendía. Recordaba cómo, allá por 1991, esa mujer de manera insistente llamó y llamó al padre de Selena para lograr una reunión y proponerle hacer un club de fans que le permitiera, entre otras cosas, proveerle a todos los admiradores de Selena toda clase de souvenirs de la gran cantante y artista que no podían conseguir, y comprendió cómo el psicópata, aunque no parezca, actúa metódicamente, con un plan y con un método bien pensado para cumplirlo. Ya supo interesarlo al padre de Selena sabiendo lo que le necesitaba sin conocerlo. Hasta fue una adelantada a los tiempos al saber de la importancia del marketing por esas épocas siendo que sólo era una enfermera … Y luego de entrar en la vida de los Quintanilla se las ingenió para saber todo de ellos sin que los Quintanilla supieran mucho de ella. “Sólo así -pensaba Alberto- se explica que esa mujer tuviera un plan pensado como mínimo un mes atrás del asesinato mientras los Quintanilla nunca sospecharon lo que podría llegar a hacer aun en pleno conflicto”. Pero lo que para muchos podía ser insólito, para Alberto era lógico, hasta normal. Él vio cómo Cristina empezó a mandarle mails en el trabajo mostrándose simpática, agradable, tan interesada en lo que él hacía, pensaba, soñaba. Alberto estaba en esas épocas “tranquilas” de su vida, en la que iba, como decía el General, “de la casa al trabajo y del trabajo a casa”. Pero estaba vacío, sin muchas alegrías ni motivaciones, con su esposa e hija como principal sostén … Y de pronto Cristina formó parte de su vida a cada instante. Mientras aparecía a la vista de los demás como una mujer callada y responsable de su trabajo, ante Alberto aparecía como una invasora que lo apabullaba con preguntas y pensamientos a través de los mails desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde … A Alberto le costaba concentrarse en su trabajo y hasta trataba de ponerle límites a semejante conversación que duraba horas pero que nadie notaba porque para los demás ellos eran cotidianamente dos personas calladas y concentradas en sus labores … Llegaba a tener discusiones, que en otras épocas hubiesen provocado un escándalo porque inevitablemente se hubiese visto, u otro tipo de reacciones si eran más que amigables … Poco tiempo después supo que todo ello no era sólo producto de un capricho sino que era parte de un plan metódico y fríamente calculado. Tarde comprendió Alberto que todos los días recibía una dosis de veneno por parte de Cristina hasta acostumbrarlo a él, y cuando un buen día decidió no dárselo, experimentó su falta, trató de disimularlo, luego evadirlo y luego a los gritos pidió por él … La primera vez que Cristina decidió no mandarle un mail a las 9 de la mañana ni en los minutos venideros, pudo darse cuenta de lo controlado que lo tenía … A las 10 de la mañana Alberto estaba encima de Cristina pues no podía aguantar sin comunicarse con ella …Cuando Alberto supo todo este perverso camino y sus efectos en él, entendió por lo que había pasado Selena. No era tan fácil darse cuenta, no era sencillo deshacerse de semejante telaraña que le había armado esa mujer. Comprendió que cualquiera que estuviera ante esa situación, el día que se diera cuenta del plan debía estar preparado para manifestarlo y actuar cuanto antes, sin darle la mínima posibilidad de que el otro lo advirtiera antes y actuara en consecuencia. Alberto supo que al psicópata no le importa que le descubran el juego. Lo que realmente le preocupa a esta clase de personas es que alguien no sólo le haga saber que saben del juego sino que intenten decirle que no van seguir prestándose a eso, que se quieren apartar del siniestro plan, que no van a seguir con la farsa, que no aceptarán el rol de sometidos. Es como esas viejas y clásicas escenas policiales de homicidios en las que un buen día la “víctima” encara al psicótico y le dice que lo descubrió, que sabe de su juego y que se lo dirá a todo el mundo para que quien quiera oírlo sepa qué clase de personas es, para que nadie se crea más que es esa encantadora persona que se muestra impunemente ante los demás … Alberto supo que en un punto a Selena le pasó eso y que no pudo apartarse de esa telaraña de mensajes de “beepers”, amenaza de suicidios, exigencias de que viniera ante cualquier requerimiento, pedido de que sus asuntos fueran tomados como prioritarios y los más importantes, al punto de que Selena dejara todo lo que hacía para atenderla … Alberto, a la hora de comprender en una imagen la situación de aquel nefasto marzo de 1995, recordó esa escena de la película Selena en la que se ve a los Quintanilla reunidos con la presidente de su club de fans pidiéndole explicaciones sobre la falta de dinero de los fondos y de la queja de los fans de no recibir los souvenirs que habían pedido y pagado … La mujer se deshizo de explicaciones, de excusas, manifestó no comprender lo que pasaba y prometió hacer todo lo posible para explicar la situación e investigar “hasta las últimas consecuencias”… Aún nerviosa, la asesina no se había inmutado frente a la presión y sospecha de los Quintanilla. Pero hay un momento de la película en el que el padre de Selena le dice, cuando la acusada está por irse del lugar, que debería ella responder por la falta del dinero. Cuando la mujer escucha eso, abre bien los ojos, traga saliva y da cuenta de la dimensión de los hechos. Alberto siempre ponderó ese momento de la película, y consideró un hallazgo y habilidad del director Gregory Navas para explicar la magnitud del hecho, y del verdadero sentir y pensamiento de esa mujer. Con esa expresión esa mujer da cuenta de que el padre de Selena le estaba diciendo que ya no iban a seguir el juego, que ya no estaban dispuestos a seguir la farsa. En esa expresión se podía uno dar cuenta de que esa mujer había pensado en el asesinato cómo única alternativa de reacción frente a lo que se vendría … “Todo o nada”, piensa el psicópata. Esta gente siempre va por todo, y si no lo logra, entonces será nada. Por eso cuando la presidenta de su club de fans supo que la estaban virtualmente apartando, y que con ello no lograría todo lo que pretendía, sentenció con un “nada” la situación. Así preparó el camino de la muerte, del asesinato, como castigo por no seguir el juego, por no continuar con su juego… Alberto no hizo lo que hicieron los Quintanilla. Sabía que tenía que cortar de cuajo la relación, que quedarse en la mitad del camino no lo llevaría a ninguna solución. De pronto se encontró que estaba viéndose con ella a escondidas, que se escapaba de cualquier lugar para verla aunque sea un ratito. Un día ella lo besó y él le dijo que no se había imaginado que podía pasar eso en un subterráneo a la vista de todos. Recibió como toda respuesta. “¿Y qué esperabas que sucediera?”. Alberto se dio cuenta de que se estaba metiendo en un lío pero que le era imposible sustraerse de él. Pero se peleaba con él mismo, y enseguida le quería poner un límite a Cristina, quien se sentía lo suficientemente segura del dominio de la situación con un Alberto necesitado de su veneno. Sólo faltaba la última decisión, la más importante, pero que Cristina esperaba con ansias pero con seguridad de que la debía tomar él … para que un futuro, cuando ella decidiera apartarse de Alberto, él no le imputara que ella lo obligó, para que ella pudiera decir que él tomó la decisión, que Cristina no lo obligó, que ella sólo lo llamó para hacerlo, si es que él quería. Alberto sabía que esa situación era igual que la del nefasto 31 de marzo de 1995, pero Selena decidió salir sigilosamente de su casa mientras su esposo dormía y sin avisar a nadie de su familia en dónde iba a estar. Iba en busca de la presidente de su club de su fans con los términos y condiciones que ella exigió … y pasó lo que pasó … Antes que ello Selena habló, habló, intentó persuadir, buscó una conciliación entre ella y su padre … y nada logró porque esa mujer no quería conciliación … sólo quería sometimiento … Y al saber que ello no lo lograría decidió eliminarla y que todos, absolutamente todos, se quedaran sin nada … Alberto padeció lo mismo pero pegó un golpe de timón a tiempo y por un hecho que no esperaba ... Hasta ese momento había intentado todo. Pidió tiempo, buscó llegar a acuerdos, pero ella lo presionaba cada vez más para que hiciera lo que ella quería, hasta que entregara lo último que podía exhibir ante cualquiera con dignidad … Ya se sentía una marioneta de ella … Se movía al compás de ella hasta cuando se peleaban por cualquier cosa. Alberto se sentía desconocido. Al revés de lo que hacía con los demás, cuando se enojaba con Cristina aguantaba un tiempito hasta que no podía más y le pedía disculpas personalmente o por mail, si estaba en el trabajo, o por llamados o mensajes al celular si Cristina estaba fuera de él. Había empezado a tener problemas con su familia, pues ya no había explicación razonable a algunas actitudes suyas. Las peleas eran cada vez más frecuentes y absurdas, y duraban cada vez más. Alberto optó por hacer lo que hacía con los demás: no hablarle más y punto. Pero para su sorpresa ella le siguió el juego a la espera y seguridad de que, como en otras oportunidades, él terminara cediendo. Encima, para su desgracia, poco tiempo antes, su jefe había decidido unos cambios de lugar en la oficina, y al lado de él fue a parar … Cristina. Alberto resistía y Cristina también. Ella comenzó a impacientarse cuando Alberto aguantaba más de la cuenta y empezó a ejercer la presión psicológica. A veces se ponía a trabajar ubicándose más cerca de él sin decirle nada y otra veces venía de otro lugar, y se sentaba mostrando abiertamente su fastidio haciendo soplidos o arrojando a la mesa con fuerza un cuaderno o una taza para que Alberto escuchara y hasta se asustara … Y todo esto se hacía en el más absoluto silencio e ignorancia de los demás … Al menos eso era lo que él creía, pues más tarde se enteró de que Cristina le decía a otros que salía con un hombre casado, cuando en realidad él, como mucho, la veía tres veces a la semana una hora cada vez, aunque en una de esas veces una compañera muy chismosa del trabajo los vio al pie de la escalera del subte … Siempre se quedó con la sospecha de que esa mujer los venía siguiendo desde hacía varias cuadras para aparecer “casualmente” en ese lugar … Hasta que un día Alberto tuvo otro cruce con Cristina … Al rato alguien circuló una tarjeta de cumpleaños de un compañero de trabajo. Cristina la tomó y luego de firmarla, no se le ocurrió mejor idea que arrojársela literalmente por la cabeza a Alberto y mirarlo con furia. Alberto, en un principio, lo iba a tomar con liviandad, como otro hecho aislado, para evitar otro encontronazo peor. Pero al cabo de unos minutos, recapacitó y supo que debía hacer algo cuanto antes, sino el también tendría su “31 de marzo”. Con la excusa de estar saturado, y sabiendo de que habían habilitado dos lugares de trabajo de su sector en otro piso, le pidió a su jefe que lo trasladaran allí. Por suerte, éste accedió y así Alberto zafó de ser víctima, pero debió soportar las consecuencias de tal decisión ya conocidas, sin saber que en el futuro tendría que sufrir la convicción de que un psicópata nunca se considera vencido ni aún vencido, y que Cristina con el tiempo cambiaría públicamente su condición de víctima al de victimario… Alberto recordaría muy bien esa época en la que tomó esa determinación, pues se daría un hecho que cambiaría totalmente su vida … Conoció a Selena … Por supuesto que ya sabía de ella, pero sólo se había interiorizado por el caso policial. Como casi todos en Argentina, él conoció a Selena a través de interiorizarse por la muerte de Gilda. De hecho durante mucho tiempo Alberto estuvo tratando de entender el “Fenómeno Gilda” viendo las manifestaciones de afecto que le prodigaron sus fans tras el absurdo accidente que la llevaran a Gilda, a su madre y a su hija. Esas movilizaciones, la necesidad de crear un santuario en recuerdo de la cantante en el lugar del accidente y la influencia de la música de Gilda en cada manifestación cultural posterior movilizaron a Alberto, que no seguía esa música pero que le inquietaba siempre las muertes tempranas de mujeres jóvenes que habían trabajado tanto para ser alguien, para ser felices a tanta gente para que luego se truncaran sus sueños por hechos sin comprensión para él. A través de este hecho tan triste, a Alberto le llegó la noticia de Selena y aquello le impactó mucho más. Pero por mucho tiempo Selena como artista y Selena como persona permanecían muy alejados de la atención de Alberto. Eran épocas en las que Internet estaba “en pañales”, y toda la información que le llegaba de Selena era escasa y no muy precisa. Llegó a enterarse de que había una película que se había hecho sobre su vida y si bien el hecho lo movilizaba bastante, le costó mucho tomar la decisión de verla. Es como si intuyera que Selena lo iba a marcar en su vida y que ese hecho nuevo lo llevara a querer alejarse para no interiorizarse más en el tema por miedo a las consecuencias. Vio la película y buscó cuanta noticia hubiera de Selena pero siempre dentro del caso policial. Lo demás, lo demás no le interesaba. Hasta que por esas cosas de la vida y del destino la vio ... Fue de casualidad … o no tan casualmente … Pronto se daría cuenta Alberto de que las cosas surgen por algún motivo, que todo tiene una explicación aunque muchas veces cueste encontrarla … Había pasado más de un año de que se jugara el mundial de fútbol de Alemania 2006. En aquella oportunidad una de las marcas sponsor de la Selección Argentina de fútbol había usado un tema de Gilda, “No me arrepiento de este amor”, como tema de sus publicidades de dicho evento … Alberto vaya a saber por qué recordó el tema y se dispuso ver por Internet el video de la interpretación original de Gilda, el de la versión rock del mismo tema que hiciera el grupo de rock Attaque 77 y la versión de la publicidad que se parecía mucho a esta última. Luego de ver los 3 videos, la llamó a su hija de 12 años y se los mostró para que ella pudiera apreciar la evolución y repercusión que había tenido el tema viendo las distintas versiones. Cuando se quedó solo con la computadora, le pasó lo mismo que 8 años atrás. A partir de Gilda volvió otra vez a Selena, al principio buscando más programas y especiales policiales que le explicaran por qué pasó aquello. Pero luego para ver a Selena en acción en un concierto en vivo … Como a tantos otros, Alberto se quedó anonadado con lo que era Selena y se lamentó más aún por su suerte cuando comprobó que ella era una gran y tremenda artista, mucho más de lo que se mostraba en aquella película. Y más se lamentó cuando supo lo que era como persona, cómo se mostraba, cómo era, cómo había llegado a la fama … Las nuevas épocas con Internet instalado en su vida le permitió a Alberto apreciar a Selena en toda su dimensión y no sólo a través de una película, un especial o un programa de televisión hecho en su recuerdo. Comprendió que cuando más se sabía de Selena menos se entendía cómo pasó lo que le pasó. Era inconcebible, bárbaro, inentendible. Alberto se lamentó no haberla conocido antes, no tanto por una visión egoísta que le permitiera haberla apreciado y gozar de su talento … No ... Alberto se lamentaba no haberla conocido antes para poder advertirle lo que le podría pasar, evitar ese destino, esa cruel realidad que él padecía con tanta diferencia de espacio y de tiempo …Alberto comenzó a llorar cada vez que veía algo de Selena que lo conmovía y que le hacía dar cuenta del talento de Selena y de que ella ya no estaba más entre nosotros … Muchas veces pensaba que tal vez si ella estuviera en este mundo y si hubiese venido a la Argentina, él hubiese pensado quién era “esa tal Selena”, y se hubiese puesto entre irónico y despectivo preguntándose por el motivo por el cual ella estaba en su país, de dónde había salido, quién la conocía, pero que hubiese preferido que así fueran las cosas porque al menos era un indicio, un indicativo de que Selena estaba allí, en algún lugar siendo famosa, siendo feliz, riéndose y gozando de la vida y del producto de tanto esfuerzo … Que prefería esa realidad, aunque no la conociera ni apreciara, a la actual, en la que él no podía asimilar semejante pérdida. Alberto se decía una y otra vez que haría hasta lo imposible por tener a Selena en este mundo, que volvería el tiempo atrás para que ella pudiera vivir su vida, que él renunciaría a la suya, que él se mantendría en esa posición distante que tendría allá por 1995 si eso aseguraba a Selena con vida, y se reiría si viera venir a su país una artista a quien no conocía y que no se correspondía con sus gustos musicales … aunque más de una vez pensó que aun así se hubiese quedado impresionado con Selena en esa eventual primera visita a su país, pues hubiese visto lo que lamentablemente vio después ... que Selena era francamente encantadora …Alberto comenzó a dedicarse de lleno a Selena, a recordarla, a escribir sobre ella. Y pronto cambió la perspectiva de su vida y de las cosas. Selena pasó a ser el centro de su vida, el motivo de su existencia. Luego de más de 40 años, Alberto había encontrado su lugar en el mundo y ese lugar era Selena. Hasta allí vivía trabajando y pensando en ello para no pensar en lo infeliz e incomprendido que se sentía. El trabajar le permitía no pensar, no cuestionarse, no ver … Y cada vez que se salía un poquito de ese libreto, sus experiencias eran nefastas, desilusionantes, frustrantes, dolorosas … como le pasó con Cristina. Y cada vez que pasaba por esas situaciones se refugiaba en la anestesia del trabajo. Pero cuando llegó Selena en su vida, todo eso cambió. Ya no quedarse horas y horas trabajando, ya no hacerse “mala sangre” por cualquier cosa, los nervios fueron disipándose, la paz de sentirse en el camino correcto había llegado ... Selena se le instaló en su corazón y él no iba a negociar ese sentimiento con nadie. Empezó a tener otros problemas, derivados de los viejos, pero que tenían otra connotación, otro sentido … Comenzó a tener problemas con su esposa. A ella no le gustaba, un poco por lógica, que le dedicara tanto tiempo a Selena … Como toda mujer sentía ella que su esposo la estaba reemplazando por una mujer mucho más joven y que así se mantendría por siempre … Pero también su mujer le endilgaba esa ocupación en el nombre de que se quedaba hasta muy tarde viendo videos de Selena, escuchando sus discos, compartiendo sentires con otros admiradores, escribiéndole cada semana … Y eso Alberto lo sentía como algo arbitrariamente injusto y egoísta … Muchas veces él se había quedado hasta muy tarde haciendo trabajos pendientes en su casa, viendo videos de series o simplemente leyendo o escribiendo de cualquier cosa. En cuanto al hecho en sí, esto “nuevo” no era muy diferente de aquello, pero su esposa le hacía la vida difícil pues ahora se trataba de Selena, quien parecía que le quitaba “su” lugar. Alberto podía comprender sus celos y hasta el hecho de sentirse desplazada, pero querer minimizar y hasta despreciar su admiración por Selena le era intolerable. Ella no comprendía, no podía ni querría entender nunca lo que se perdió este mundo y esta humanidad. A Alberto no se le ocurriría reemplazar a su esposa por Selena. Alberto la admiraba y la quería tanto que sólo deseaba verla feliz con sus afectos y con sus cosas. Él estaría feliz de ver a Selena casada con Chris y con sus hijos. Alberto sólo podía estar bien si veía a Selena feliz … Eso era lo que él quería. Y por eso sentía tanto dolor … Más de una vez se iba a la cocina de su casa a llorar a escondidas, en silencio y a resguardo de su familia, luego de ver algo conmovedor de Selena. Por aquellas épocas ver a Selena interpretando “Where did the feeling go?” en el concierto de San Antonio en 1991 le producía una gran tristeza … Ver a Selena a los 19 años mostrando tanto talento con semejante voz e interpretación no le podía dejar más que una sensación de dolor y de soledad. Alberto miraba las estrellas del cielo y deseaba fervientemente que Selena estuviera en alguna de ellas. No podía concebir semejante realidad, no quería aceptar que Selena se había ido. Allí Alberto comenzó a entender por qué la gente de México y Estados Unidos la lloró tanto, la sigue extrañando y la sigue tributando. Alberto comprendió que no se trataba de una artista más. Al verla supo que Selena era una artista diferente, distinta a todas, y que por ello se la quería tanto. Muchas veces se entusiasmaba hablando en su casa de ella, y se sentía otra vez frustrado por no tener receptividad por ello. Y él no lo comprendía. Antes por allí él se quedaba horas hablando de las cosas absurdas que padecía en su trabajo, o le hablaba de deportes o de temas que a ella no le interesaban y que a Alberto le generaba mucha bronca y angustia. Pero en ese momento Alberto le hablaba con alegría, con entusiasmo, aunque también con lamento por la partida absurda de Selena. Alberto no era el mismo hablando de Selena si se lo comparaba cuando se lamentaba por lo que padecía en su vida. Pues con Selena él entendió que no había hecho nada, no sabía nada y no se sacrificó nunca en busca de cumplir su sueño y sus expectativas … En cambio Selena con sólo 23 años le dio a todos una lección de vida, un camino a seguir, un modo de entender las cosas. Y Alberto sintió que le debía semejante revelación, y tantas emociones que le generaron al verla cantar y actuar. Cuanto más veía cosas de Selena más quedaba impactado. Notaba que no sólo arriba del escenario descollaba, sino que deslumbraba cuando hablaba, cuando se contactaba con sus fans, cuando aparecía al público en cualquier ocasión. Ella no se mostraba como la gran estrella que era, prefería mantenerse humilde y agradecida, y no venderle a la gente ninguna imagen falsa de su vida y de su realidad. Cuando le tocó actuar en telenovelas, ella evitaba interpretar papeles que no se correspondieran con su personalidad. Selena nunca hablaba mal de nadie, alentaba a sus colegas y detestaba promocionar su carrera artística en base a escándalos y habladurías. Tal vez en esas épocas, y más que nada en la actual, muchos consideraban que para ser considerado por “el gran público” había que utilizar cualquier estrategia que le permitiera mantenerse “en el candelero” y subir a la fama. Hoy se paga un alto precio y se vende el Alma al diablo para llegar a ser nombrado por alguien … Nada de eso hizo Selena y aun así logró no sólo la fama sino que todo el mundo la quisiera, algo que pocos, muy pocos pueden sentir y exhibir … Por todo ello, Alberto sintió, allá por octubre de 2007, que Selena formaría parte de su vida para siempre y que sería la razón de su vida, para placer suyo y padecimiento en los demás. A partir de allí todo lo que ocupaba la mente de Alberto pasó a un segundo plano. Todo lo acaparaba Selena pues ella misma con su talento y su persona ocupó enteramente su corazón… Alberto miraba a su alrededor y se sentía asqueado, saturado, cansado … Ni siquiera en el trabajo pudo decir todo lo que le generaba Selena debido a lo que le había hecho Cristina … Sólo algunas personas le hablaban del tema, aunque comprobó que todos a sus espaldas comentaban las fotos que exhibía de Selena … No … No le servía lo que decía su jefe, la calma que le pretendía dar. ¿Qué calma podría tener después de soportar que buena parte de sus compañeros de trabajo lo ignoren y lo tomen como culpable de una situación que ni generó ni provocó? Cuando sucedió lo de la acusación de Cristina, no podía creer lo que estaba sucediendo. No tanto por Cristina, a la que podía imaginarse que tarde o temprano haría una cosa así … Pero los demás … Muchos lo conocían, sabían de sus cosas buenas y también de las malas … Sabían que Alberto, hacía mucho, mucho, se había apartado de todo ese ambiente tan particular en el que se movía desde hacía mucho tiempo. Siempre recordaba aquella frase que el músico Charly García compusiera en el tema “Peperina” refiriéndose al clima de las oficinas: “Subterráneo lugar de rutinaria ideología…”. Alberto primero se había apartado porque se sentía grande para tener disputas propias de adolescentes y porque había sufrido muchas desilusiones de personas que siempre lo tomaban de punto para atacarlo y justificar con ello su posición en el grupo … Más de una vez se preguntó por qué lo elegían a él si no se metía en nada, no provocaba nada, no buscaba nada. Pero alguna vez alguien le dijo que él era más protagonista de lo que él pensaba, que él era un poco responsable de lo que le sucedía y que era hora de empezar a asumir ese rol en la vida. Esa persona le dijo más de una vez que él estaba para ser destinado para ser protagonista y que no debía desperdiciar su oportunidad … Al menos debía intentarlo aunque no lo lograra … Alberto se negaba a aceptar ese lugar pero el tiempo pasaba y él estaba allí, en el medio de todo y sin comprender. Trató de entender lo que pasaba y la situación lo superaba. ¿Por qué Cristina lo atacaría con blasfemias públicamente si aparte de que no había hecho nada no le hablaba ni la saludaba desde hacía tantos años? ¿Qué buscaba que sucediera? ¿Para qué armar una disputa cuando encima estaba embarazada de dos meses y su pareja trabajaba en el mismo lugar? Si al menos lo hubiese acusado de algo que fuera cierto pero atemporal, aunque no fuese su real motivo, lo entendería y hasta hubiese ofrecido sus disculpas, pues mal que mal eso era verdad. Y frente a la verdad, Alberto no efectuaba resistencia alguna … Pero frente a la mentira … Pero Alberto recordó sus propios pensamientos cuando decidió no hablarle más a Cristina. Él estaba seguro de que viviría de por vida con ella encima con sus acosos, sea directamente por intermedio de sus acciones y presencia, o de modo indirecto, a través de sus marionetas que ella fue armando con la “paciencia de la araña” … ¡¡Sí, eso!! Con la paciencia de la araña …Alberto sabía que Cristina esperaría, que se tomaría todo el tiempo necesario para lograr su objetivo, para lograr que su presa se rindiera y le pidiera perdón … Que se sometiera y se convirtiera en una marioneta más que ella manejaría a su total antojo para desecharlo cuando ya no le sirviera más … Alberto se imaginaba una película de terror, de zoombies más precisamente, en la que todos sus compañeros de trabajo se convertían en zoombies que invocaban el nombre de Cristina y el de guerra para dirigirse a él, y que no pararían hasta lograr que se convierta en uno de ellos … Alberto pensaba en eso una y otra vez, se enloquecía pero se sentía impotente al saber que ello indefectiblemente ocurriría. Sólo era cuestión de esperar. Ya lo pudo apreciar el día en el que Alberto tuvo que dar explicaciones “por un crimen que no cometió”, mientras veía cómo sus compañeros de trabajo se reunían con Cristina en una eventual “conferencia de prensa” para escuchar la versión de ella sobre lo que “había sucedido” … No podía creer que gente que él conocía y a la que había ayudado en tantos problemas ahora no lo quisieran escuchar. Alberto sentía que le estaban escupiendo sus manos, las mismas con la que él los había ayudado de tantos problemas … Él se sentía insultado por aquellos a quienes les había dedicado horas de su vida para escuchar sus problemas y darles consejos. Y ahora que él necesitaba que uno, sólo uno de ellos, lo escuchara para decir lo que estaba pasando, que alguien le dijera “¿Necesitas decirme algo, quieres que te escuche?”, nadie se presentaba a su pedido. Ni siquiera esperaba que le dieran la razón, sólo que lo escucharan. Pero todos ya lo habían sentenciado, algunos por “amiguismo”, otros por conveniencia. Se suponía que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Y si bien su jefe lo tomó así y no hizo nada con él pues no había ni media prueba en su contra, los demás, sus compañeros, lo habían sentenciado … por motivos siniestros. Aunque él casi no se moviera de su lugar de trabajo, todos estaban “convencidos” de que estaba molestando a Cristina, de que la estaba acosando, de que estaba intentando retomar aquella relación. ¿Pero quién podría creer que eso podía ser cierto? ¿Quién seriamente podría creer en algo así? Pero claro, el no creer en esa historia implicaría tomar medidas contra ella, que sus propios compañeros dudaran de sus intenciones y de su estado psíquico. Muchas veces se preguntó qué pensaría su pareja si realmente estuviera convencido de esa versión. Él también conocía a Alberto … ¿Acaso no debió haber hablado con él para aclarar las cosas? ¿Acaso él mismo no quedaba mal parado con la versión de Cristina si estaba “seguro” de que Alberto y ella seguían con su historia? De pronto Alberto recordó algo que lo hizo asustar de veras. Tal vez su propia necesidad de mantenerse alejado de todo y de no engancharse con esos juegos peligrosos y psicóticos lo hizo no registrarlo. Unos meses antes él había pasado delante de ella para buscar algo. Pocos segundos después Cristina lo increpó con vehemencia y le dijo que no la empujara más. Alberto no tuvo que pensarlo un instante. Sabía que no debía contestarle, que no debía discutir pues entraría en el juego que ella quería: el del escándalo, el de la discusión pública, el de la ofensa. Aun así, Alberto, para no entrar en ebullición, se permitió decirle algo por lo bajo, sin que lo escuchara nadie, más que ella. Alberto le dijo: “Si sigues así, te denuncio”, y se fue a su lugar de trabajo. Cristina al rato le contestó a los gritos qué quiso decir con “te denuncio”, pero él sólo le hizo un gesto de silencio y siguió trabajando. Sabía que Cristina no la seguiría pues ya muchos comenzaron a observarla y cualquier cosa que hiciera en ese momento la pondría en evidencia, y eso Cristina no quería … Los psicópatas no quieren que la verdad se evidencie públicamente … La manipulación terminaría allí mismo ... Alberto, cuando le dijo eso, pensó directamente en la policía, pero se ve que Cristina no pensó en eso. Ella pensó en que la denunciaría frente a las autoridades del trabajo. Entonces consideró que antes de que él lo hiciera debería actuar ella antes. Un buen día hubo otro cruce en el que Alberto ni siquiera pasó muy cerca de Cristina, pero él notó que ella hizo un freno brusco, como si tuviera que detenerse abruptamente para que Alberto pasara, algo que distaba mucho de ser real. Luego vino lo conocido … Alberto sólo pudo superar la situación con Selena … Temió que todo lo que le estaba sucediendo lo impediría dedicarse de lleno a ella pero nada de eso ocurrió. Al contrario, escribió más, la miró más, le dedicó más tiempo a su recuerdo. Selena pasó a ser no sólo lo más importante de su vida sino lo único que tenía … y encima no estaba entre nosotros … Se refugió más y más en Selena para no pensar en el dolor de la indiferencia, de la calumnia, del señalamiento insidioso y doloroso. En otras circunstancias directamente no lo hubiese tolerado. El estar en primer plano “exiliado” en un lugar como un niño mandado al rincón por hacer una travesura que ni siquiera hizo era demasiado para él. Se sentía vilipendiado y ensuciado, manchada su figura como la de Selena luego de aquel día nefasto … Y encima quienes lo promovían eran los mismos que habían generado eso … Alberto muchas veces pensó qué pensaría Selena si supiera que aquella que la engañó y le quitó todos los sueños estaría hablando pestes de ella, blasfemándola con mentiras, con inventos, con un grado de atrevimiento e hipocresía propios de un psicópata … Una psicópata que subía la apuesta y, con la excusa de hacer nuevas “revelaciones”, decía más mentiras y ensuciaba más a Selena … “Selena se quería escapar a Monterrey “ dijo primero … “Selena se quería escapara a Brasil”, dijo luego entre tantas cosas inconcebibles y sucias … Alberto ni quería recordar cosas peores que dijo la asesina de Selena, ya que le daba vergüenza y asco que una persona dijera que Selena había hecho cosas inverosímiles e insultantes … Pero Alberto sí reparó en una confesión encubierta de esa mujer en su afán de ensuciar a Selena … Cuando dijo que Selena se quería escapar de sus padres para ir a Brasil, le preguntaron con lógica qué tenía que ver eso con el hecho de que le disparara. La asesina se desconcertó, pero en su afán por contestar algo “coherente”, le dijo que era lógico que lo hiciera: “Selena se iba a escapar y nosotros los fans se lo teníamos que impedir. Por eso le disparé … para que no se escapara”, dijo la mujer cuyas palabras tuvieron expectativa en un principio y un descrédito final después, cuando ya se sabía que sus muestras de afecto a Selena no se correspondían ni con sus actos ni con sus declaraciones. Como nunca Alberto se sentía identificado con Selena. Se sentía solo como Selena lo estuvo aquel 31 de marzo de 1995 … Con una asesina dispuesta a todo para no sentirse derrotada en su pelea con el padre de Selena y sin que nadie estuviera cerca para evitar la tragedia ni que se percatara del peligro en el que estaba inmersa …Él estaba allí, siendo calumniado e ignorado, acusado sin razón por aquellos que estaban de maravillas con otra psicópata que, como todas de sus características, con su “simpatía” y “buena conducta” se hacía creíble y considerada. Alberto ni siquiera se podía refugiar en su familia. Su esposa no lo acompañaba en estas cosas. Apenas si podía escuchar una vez lo que pasaba con su vida, pero si se trataba de Selena ni lo oía, como si Selena pudiese ser un monstruo al acecho. Alberto le contó con honestidad lo que le había pasado con Cristina y ella le creyó o quiso creerle … Más bien rogó que nada malo sucediese sin tener que tomar una actitud de precaución. Sin nadie en qué confiar y sin nadie quien quisiera escucharlo en sus penas, se refugió en Selena y se creó un mundo de fantasía a la espera de que alguien se apiadara de él y se hiciera justicia … Sólo justicia … Esa misma justicia que debería no sólo castigar más severamente a la asesina sino que le diera una nueva oportunidad a Selena y la dejara vivir su vida… Pero Alberto supo ese día frente a su jefe que nada de eso sucedería y que sólo le quedaba aguantar y esperar que algún día cambiara las cosas …Pero Alberto no era como su esposa … Él no iba a esperar a que le cayera maná del cielo … Él no iba a ser como los Quintanilla … No iba a confiar sólo en sus propias fuerzas pues él sí sabía lo que haría la psicópata, su psicópata … Sólo pensó en Selena y en lo que había hecho … Y pensó en él y en lo que él no había hecho. También recordó lo que le dijo aquel compañero de trabajo por unos pocos meses … Alberto sintió que Selena era su lugar en el mundo. Había llegado el momento de hacer algo más por ella, y algo más por él. Un día se presentó a su jefe y le dijo que renunciaba, que no podía estar más allí, que no podría tolerar la idea de llegar a ser viejo muriéndose de angustia y de dolor en ese lugar esperando sólo la muerte. Alberto no soportaba la idea de terminar dando lástima en un lugar. Antes prefería una “muerte digna”. Pero en ese momento él no lo sentía necesario. Tenía a Selena. Ya bastante el saber que ella se le escurrió entre las manos a todo el mundo. Alberto se lo dijo con dolor, tal vez con un poco de rencor, pero con sinceridad. Su jefe lo miró, se levantó y le dio un fuerte abrazo. Era lo que Alberto necesitaba en ese momento, lo que necesitaba de mucho tiempo atrás … Y lo dejó irse, en el convencimiento de que, en este caso, era lo mejor para él. Alberto se fue a su casa y fue preparando a su esposa de su decisión. Le dijo que se iría por un tiempo, no sabía por cuánto, pero que necesitaba seguir un camino, un motivo por el qué luchar, un sendero que lo llevara a la felicidad. Su esposa supo que eso tenía que ver con Selena pero no se lo quiso preguntar. Sólo atinó a mirarlo con lástima a los ojos, como buscando que Alberto desistiera de su decisión. Pero él se dio vuelta sin mirarla. Esta vez no caería en esa trampa … Se fue sin nada. Se quiso ir como empezó Selena … Con nada pero con todo para dar. Él ya era grande. No eran las mismas motivaciones ni el mismo objetivo .,. Pero se dijo, como decía siempre Selena, que nada era imposible, que todo se podía lograr. Y rumbeó por un camino que lo llevara a ella. Se fue a Corpus Christi a visitar a Selena en el “gravesite”. Cuando llegó y vio donde estaba y certificó su suerte lloró por horas sin parar, sin querer parar. Pero no se iba a dejar vencer. No iba a permitir que a Selena la matara la indiferencia y la rendición ante el mal de este mundo. Alberto se arrodilló ante el lugar en el que estaba Selena para decirle lo que haría por ella y prometerle que así sería … Nada mejor que prometerle a la persona que más se quiere que va a cumplir con su palabra… Volvió a llorar, esta vez con una sonrisa en la boca y le dijo que volvería cuando todo lo que le prometió lo hubiese cumplido y que sería pronto porque no toleraría jamás dejarla sola … Nunca a Selena, que siempre pidió que la recordaran con Amor y que no la dejaran nunca sola. Alberto empezó a irse del lugar y estuvo varios minutos saludándola, dando unos pasitos y dándose vuelta para saludarla de nuevo. Pero una vez que enfiló el camino de vuelta no volvió a mirar más. Lo haría cuando todo lo que tenía que hacer por Selena lo hubiese hecho. Lo haría sólo para abrazarse a Selena y no dejarla nunca más… Atrás quedaron las locuras, la mediocridad, el conformismo, la infelicidad perenne. Alberto rompió con todas las cadenas, se deshizo de todo lo que lo ataba y sólo se quedó con lo único que lo llevaba a ser como él quería, llevando con orgullo su nombre y sus sueños. Alberto se quedó con Selena. No tenía nada y tenía todo. Alberto no podía ser más feliz. Era tarde pero tenía una vida para vivir. Tenía todo lo que le quedaba por vivir teniendo a Selena como nunca en su corazón… (A veces se aprende del dolor … A veces hay que tomar ciertas decisiones para ser feliz, para encontrarse con uno mismo, sin necesidad de la aprobación de los demás … A veces hay que despojarse de todo para alcanzar un sueño, para hacer lo que a uno realmente le gusta … A veces hay que recorrer un largo y sinuoso camino para llegar a lo que uno realmente quiere, como hizo Selena recorriendo su vida en bus, soñando que iba a ser una gran estrella mirando por la ventana y proponiéndose esa misma noche hacer lo que sea para lograrlo … con Amor … Si uno quiere a Selena debe estar preparado para dar todo a cambio de nada … como ella lo hizo con todos los que supo amar ... Selena dio todo por Amor … Es hora de que nosotros se lo demostremos del mismo modo…) Selena: yo estoy aquí para agradecerte todo lo que has hecho por mí… Te quiere mucho… Sergio Ernesto Rodríguez (Buenos Aires, Argentina)

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