Y ahora que ya no estás...

31 de enero de 2011









¿Qué hago yo aquí en New York?


Difícil de creer. Difícil de explicar lo que estoy viviendo. Una que ha soñado tanto, que ha deseado tanto vivir este momento, no puede dar crédito de que sea realidad lo que está frente a mí. ¿Yo nominada a un Grammy? ¿Yo aquí en New York con la posibilidad acaso remota de ganar el premio? No. Es un sueño. Definitivamente es un sueño. Para un latino se hace difícil lograr este galardón. Apenas un rubro entre tantos premios que hay. Ya es difícil que le presten a uno atención para que se lo tenga en cuenta, para que lo consideren bueno, para que lo nominen y para que te den el premio. ¿Cómo llegué aquí? ¿Seré tan buena para toda esta gente? ¿O sólo me están haciendo ilusionar? Yo sólo hacía esto para salir adelante, para lograr vivir de la música, para llevar un plato de comida a la mesa. Yo sólo hacía esto porque no me quedaba otra, porque una vez me pusieron un micrófono y me dijeron que debía cantar aunque más no fuera como un pasatiempo, por un tiempo que me parecía una eternidad pues yo sólo quería jugar para ese entonces. Yo sólo quería tener amigos y soñar con que en un futuro sería una buena diseñadora, con que el mundo me conociera por la ropa que hacía, por los diseños que inventaba. Por las noches solía escaparme a la playa y miraba largamente la luna y su luz que se proyectaba al mar. Me gustaba mucho hacerlo pues allí me daba cuenta de lo chico que es el mundo, de lo pequeño que somos, de lo superfluas que pueden ser muchas de las cosas por las que nos hacemos tanta mala sangre, por las que corremos todos los días, por las que discutimos y nos disgustamos. Cuando estaba sola allí frente al mar y ante la inmensidad del cielo podía darme para mí ese pequeño momento de paz conmigo misma, un momento de silencio ante tantas palabras, risas y ruidos de motores. Podía permitirme sentirme yo misma, gustarme como soy, sentir mi cuerpo, mover a uno y otro lado mi pelo, y sentirme bien, feliz y plena. Me encantaba sentir ese silencio y no vivirlo como algo tedioso, agobiante, difícil de abordar. Un silencio que debía ser interrumpido por risas, bromas y ocurrencias para no pensar en cosas más personales de las cuales no podía compartir con nadie. En mi fondo más íntimo me gustaba cómo era y tenía muy en claro lo que quería hacer. En un momento sentí que cantaba bien y que a la gente le gustaba. Pero aun así ante el público y ante mi familia yo era muy insegura. Siempre sentía temor porque no me quisieran, porque me dejaran de amar. Para mí eso era terrible. Yo no me podía permitir que semejante cosa me pasara, pues eso podía ser la ruina para mí y para mi familia. Aprendí a saber que no tenía margen de error, que debía hacer todo, que debía dejar todo, dar todo de mí para encantarlos, para que se fijaran en mí, para que me tuvieran en cuenta. Aprendí a dejar de lado determinadas cuestiones que eran normales para cualquier niño, que era tener mis amistades permanentes, hacer el colegio en el mismo lugar y con mis compañeros de grado de siempre, jugar en la misma plaza y en la misma ciudad. Aprendí a que todo eso lo tendría con mi familia y arriba de un bus que me llevaría de pueblo en pueblo para entretener a la gente, y para ganarse la vida con honestidad y esfuerzo. Aprendí a que mi colegio sería mi bus y mis maestros mis padres, mis hermanos, mi banda. Aprendí a que mis compañeros del grupo serían mis amigos y empecé a intuir que tal vez mi futuro esposo saldría de allí. Aprendí a que mi vida la tendría que compartir con todo y con todos. Aprendí a dar rienda suelta a mi optimismo y mi alegría, y a callar mis sentimientos y mi llanto. Aprendí a que todo lo que soñaba podría lograrlo si redoblaba mis esfuerzos, si acaso daba mucho más de lo que esperaba mi padre y de todo aquel que confiaba plenamente en mí. Si acaso cumplía con lo que se esperaba de mí y fuera famosa podría hacer muchas de las cosas que no podía hacer y que moría por poderlas hacer realidad. Acaso eso justificaría tanto esfuerzo, tanto sacrificio, tanta entrega. Al final del camino sería libre, libre para hacer lo que quisiera, libre para cantar como quería mi padre, pero libre yo también para diseñar como deseaba con toda pasión…


¡Qué nervios! ¡¡Qué nervios!! Todavía falta para el anuncio de nuestra nominación y ahora que estoy aquí siento por primera vez el deseo de llevarme el premio. Hasta ahora no me había tomado muy en serio la posibilidad de ganarlo. Pensaba en la inmensidad del lugar en el que se entregaban los premios y todo me parecía lejano, muy lejano. Apenas si puedo acostumbrarme a recibir determinados premios como los que recibí el año pasado. Si esto fuera en Texas lo entendería perfectamente. Hace 7 años que me vienen premiando. Por suerte conmigo sí se cumplió aquello que se puede ser profeta en su tierra. Allí la gente me quiere mucho, siente que la represento, sabe que soy de allí y que nunca los dejaré aunque me haga estrella mundial. Ellos piensan que soy buena de verdad, que llegaré a lo más alto porque no tengo igual y porque nunca han visto a alguien como yo. A mí me halaga eso. Aparte, en mi fuero más íntimo yo siento que soy la mejor, aunque jamás lo admitiría públicamente, que he logrado cosas que nadie obtuvo y que tengo todo para lograr lo que me falta. Y allí en Texas me olvido de mi inseguridad y se me van los miedos. La gente me ha dado todo su afecto y desde que logré imponerme en Monterrey y en todo México sólo tiene palabras bonitas para mí. Pero siempre pensé que sólo en Texas podría tener pleno éxito, que lo demás podía ser una quimera, que sería muy difícil para una cantante estadounidense y latina como yo llegar muy lejos. Por eso no entendía nada cuando recibí aquellos reconocimientos en Premios Lo Nuestro 1993.En particular no pude evitar la emoción cuando recibí el galardón a la mejor cantante de la región méxico-americana. Por eso el tomar mi cara con las manos, mi llanto de incredulidad y satisfacción, el abrazo con mi hermano y con Pete Astudillo, el sostener mi emoción camino al escenario con mi mano sostenida en el pecho, el casi chocar con Paulina Rubio cuando recibía de ella el premio, el apenas hablar en agradecimiento por la premiación. Recuerdo puntualmente haber agradecido a todos aquellos que sostenían al grupo Selena y Los Dinos. Pensé en toda la gente que nos había apoyado y en todas aquellas personas que nos habían dado tantas muestras de cariño. Pero también sentí la importancia de ese premio, de la magnitud de lograr semejantes reconocimientos fuera de Texas. De pronto sentí que lo habíamos logrado, que habíamos llegado al comienzo del reconocimiento internacional por todo lo que habíamos obtenido luego de tanto tiempo de esfuerzo y dedicación. Por primera vez sentía que habíamos entrado en el camino del éxito del cual difícilmente podríamos dejarlo. Sentí que todos los sueños se podrían hacer realidad. Y si bien recuerdo muy bien aquellos viajes de mi padre en auto a los barrios más caros de Corpus Christi para mostrarnos que con constancia y esmero todas aquellas mansiones podrían ser nuestras, yo no pensé tanto en que el éxito y el reconocimiento harían posible esa realidad material. Yo sólo pensé en que esos premios permitirían lograr lo que parecía más imposible aún: que mis sueños personales fueran posibles, que todo lo que se me pasara por mi cabeza podría hacerse realidad. De pronto sentí que no sólo era posible que me hiciera una cantante internacional famosa, que pudiera por fin hacer mi soñado disco en inglés. Todas esas metas también eran objetivos de mi familia, deseos de mi padre. De pronto sentí que podía ser diseñadora, que podría dedicarme de lleno a mi proyecto de extender mi boutique y salón de belleza por todo México y Estados Unidos. De pronto sentí que podía tener mi propia casa lejos del mundanal ruido y de las luces de la ciudad y del éxito. De pronto sentí que podía alejarme un poco de mi familia para poder crear mi propia familia. De pronto sentí que podía lograr todo, que todo lo que se me cruzara por mi cabeza se podía hacer realidad. De pronto sentí que tenía más obligaciones, más objetivos que cumplir y más compromisos. De pronto sentí que todo dependía de mí para hacer todo lo que yo quisiera…


¡¡Ya no aguanto más!! Ya quiero que me digan si lo logré o no. Ya quiero que me nombren. ¡¡Ya quiero subirme a ese escenario!! Hasta ahora no quise hacerme ilusiones. Le dije a todo el mundo que sólo vine a ver a los “realmente famosos”, a mirar a los que realmente recibirán los más importantes premios aquí para verlos de cerca, para tomarme fotos con ellos. Les dije que venía a participar de una fiesta que es de ellos y que sólo venía a divertirme. Pero es mentira. Siempre estuve ilusionada. Deseo con toda el Alma recibir ese reconocimiento. Quién saber si alguna vez me den otro premio como éste. Tal vez ésta sea la única vez y nunca más me lo entreguen … ¡¡Huy!! ¡¡Otra vez mis inseguridades!! No sé por qué se me da por pensar en estas cosas. Si yo ya soy una realidad, si estoy convencida de lo que hago, de que tengo toda la fuerza de la voluntad y la sensación de que nadie podrá detenerme, ¿por qué pienso que no tendré muchas chances, de que pronto se olvidarán de mi y de que apenas seré para ellos una artista del momento que estuvo cerca de lograrlo todo pero que no lo pudo conseguir por esas cosas del destino? ¿Por qué pienso y siento así si tengo todo el tiempo, todos los proyectos y todas las ganas de llevarme el mundo por delante, de aprovechar cada instante de mi vida para lograr cada sueño, cada meta que me propuse? Yo soy muy testadura y muy constante. Cuando algo pasa por mi cabeza hasta que no lo logro no paro. ¿Quién podrá detenerme si yo tengo toda la fuerza, todo el vigor, todas las ganas? Si cada día que me levanto agradezco a Dios que me ha dado este día para dar todo de mí, y para dedicárselo con mi esfuerzo y dedicación, ¿quién podrá superarme, quién podrá impedir que triunfe en todo lo que me proponga? Además, todo el mundo me quiere, todo mi entorno me ayuda para que yo esté bien y contenida. Yo no siento que alguien me odie, que alguien sienta envidia por lo que hago. La gente me admira y me quiere cuidar. Los periodistas que me entrevistan me adoran y se divierten conmigo. Mis fans me quieren y me respetan. Yo sólo les doy Amor a todos. Yo confío en ellos. Yo no dudo de la gente a quienes les doy mi confianza. ¿Qué mal podría recibir de alguien? Siempre tuve miedo de que no me quisieran o me dejaran de querer, pero eso nunca sucedió. Será porque les doy no sólo mi canto, no sólo mi voz, no sólo un buen concierto, no sólo un buen entretenimiento. Será también que les doy las gracias, que sé agradecer, que les doy todo mi Amor, mi cariño y mi respeto. Yo podré acaso ser alguien importante para ellos, tal vez represente sus más altos sueños, tal vez les dé la alegría que no tienen en sus sufridas vidas ... Tal vez ... Pero lo que sí sé es que sin ellos yo no sería nada. Yo les debo todo. Yo nunca podría olvidarme de por qué estoy aquí, de quién me puso en este lugar y de qué se espera de mí. Sería una necia y una desagradecida si renegara de ello. Por más que cantara bien, por más que les diera el mejor de los conciertos y les cantara las más lindas canciones, si me olvidara de dónde vengo, si le diera la espalda al público, si creyera que soy más que mi gente, entonces no sería una buena artista, no merecería recibir ningún premio ni el afecto de mi gente. Si fuera una engreída, sólo merecería ser olvidada. Ése sería el peor castigo. Eso sería lo que merecería recibir si hiciera algo semejante…


“¿Qué te pasa, Selena? ¿Acaso no te has dado cuenta? ¡¡Están por anunciar la terna por el premio!! ¿En qué estás pensando? ¡¡Pronto!! ¡¡Cruza los dedos!! ¡¡Y mucha suerte!!”. El codazo que me había dado A.B. todavía me dolía para cuando me di cuenta de que estaban anunciando los nominados al premio el mejor disco méxico-americano. Las cartas estaban echadas. Esbocé una sonrisa a A.B. y crucé los dedos mientras le deseaba suerte con la mueca de mi boca. Luego sólo miraba el escenario pero no lo veía. Sólo miraba un punto fijo de una de las cortinas y dejé pasar miles de imágenes. Me permití que en el escenario pasaran imágenes de mí desempolvando un viejo libro de canciones de mi padre y aprendiendo a cantar su contenido. Pude verme cantando por primera vez ante un público, pude sentir el miedo a ser rechazada, pude verme dormida en el piso del bus que me llevaba a un pueblo que yo desconocía, pude verme a solas llorando y juramentándome que lo lograría, que llegaría a lo máximo sólo para ser libre y feliz con mi canto, con mis diseños, con mi futuro Amor, con mi casa, con mis animales, con mis hijos. Pude verme cantando “Como la Flor” por primera vez en Monterrey, pude verme cantar “Where did the feeling go?” en el concierto de San Antonio en 1991, pude verme en un futuro cantando en el Madison Square Garden y triunfar con mi disco en inglés. Pude verme pasearme exitosa por todo el mundo. Pude verme triunfando en todo el planeta y que toda la gente estuviera feliz con mis éxitos. Pude verme sola de nuevo en la noche en aquella playa de Corpus Christi y llorar, llorar mucho, llorar por haberlo logrado, llorar por todo lo que no pude llorar en todos estos años para mantener mi entereza y sostener la confianza de toda mi familia. Pude ver mis días de incertidumbre y mi fuerza sacados desde el fondo de mi corazón y de mi Alma para superarlo todo, para seguir adelante a pesar de todos los obstáculos, de todos los problemas. Pude verme feliz y satisfecha por llegar a tener éxito y ser querida por tener talento, pero también por ser honesta y por ser sincera. Pude verme retirándome de mi vida artística enseñándole a mis hijos y a mis nietos todo lo que hice, todo lo que logré con Amor y con cariño mientras sigo pensando en nuevos modelos para todas las mujeres del mundo que esperan cada año con qué nuevos diseños las sorprenderé. Pude ver…


“And the Grammy goes to … Live … ¡¡Selena!!”. Sí, ¿escuché bien? ¿Me nombraron? ¿Gané? ¡¡Sí, gané!! … Lo veo en el rostro de mi hermano. Lo percibo en la cara de emoción de mi padre … Lo siento en sus lágrimas de emoción … No lo puedo creer. ¡¡Definitivamente no lo puedo creer!! Estoy shockeada. Apenas si me doy cuenta de que voy camino al escenario, ese mismo escenario en el que pude ver mi vida pasar en tan sólo 1 minuto. No puedo reaccionar. Ni siquiera puedo exteriorizar mi emoción, todo lo que estoy sintiendo. Esto es más, mucho más que en Premios Lo Nuestro. Por eso no puedo siquiera reír, llorar, saludar. Sólo camino y sólo deseo que este instante no se vaya nunca, quisiera que este instante fuera eterno, quisiera poder sentir esta sensación por siempre y para siempre. Subo las escaleras y apenas puedo subir mi hermoso vestido blanco para no tropezarme. No sé qué decir. ¿Qué puedo decir? ¿Habrá un vocabulario que pueda sintetizar, explicar y hacer entender lo que siento ahora? ¿Acaso me den el tiempo suficiente como para explicarles las imágenes que pasaron por delante de mí segundos antes de que me premiaran? ¿Acaso me escucharían si les dijera todo lo que significa este reconocimiento para mí? Toco el cielo con las manos. Este año va a ser distinto para mí. Ya lo es ahora. Este premio, el lanzamiento del disco “Amor prohibido” del cual no dudo de que será todo un éxito, los conciertos que se vienen, las notas que me harán y los proyectos que me ofrecerán por todo lo que me está pasando ahora cambiarán definitivamente mi vida. ¿Pero acaso yo podré decirles todo lo que significa para mí este premio? ¿Acaso ellos entenderán si se los explico? El presentador me da el premio y me saluda. Yo tomo el Grammy y giro hacia el micrófono. Veo a toda esa gente mirándome y de pronto siento vértigo. Me aparto un mechón de pelo que cae sobre mi cara y empiezo a agradecer. Ni pienso en lo que digo. Trato de aferrarme a ese minuto exiguo que me dan para que pueda explicar lo inexplicable y pienso en la gente que me ayudó a llegar a este momento, a que yo viva a los 22 años esta sensación indescriptible. Ni siquiera puedo tener registro de lo que estoy diciendo. Sólo dejo que mis palabras fluyan y salga de mí lo que tenga que salir. Me acuerdo de José Behar. Como tantas otras veces mi primer agradecimiento es para él. ¡¡Le debo tantas cosas!! Él no sólo me contrató. No sólo me dio difusión. No sólo me dejó grabar los discos. Él ante todo confió en mí. Él fue un admirador más. ¡¡Y pensar que cuando se acercó a mí por primera vez en San Antonio pensé que era un aprovechador!! No le creí que era presidente de Emi Latin. Una vez más no creí que alguien que era el líder de una compañía tan importante pudiera fijarse en mí. Por eso no confié. ¿A quién podía resultarle tan buena como para ser contratada por Emi? Pero José sacó todas mis dudas, todas mis inseguridades y me dio toda su confianza. Me dio todo porque creía en mí y, sobre todo, me respetaba. No dudó en publicar todo lo que hacíamos, no dudó en pelearse y rogar a toda la plana de Emi Central para que me dejaran sacar mi disco en inglés. Apenas escuchó mis demos supo que yo sería un éxito mundial. Pero hasta él se sorprendió de mi éxito tan pronto. Él sabía de mi presente, estaba convencido de mi futuro pero no sabía tanto de mi pasado. Yo en muchos lugares ya era muy popular. En cuanto se difundiera mi música, mis discos serían muy vendidos. Por eso su perplejidad y su total satisfacción cuando logré mi primer número 1 con “Como la Flor” y cuando obtuve mi otro número 1 en Monterrey con “La carcacha”. Él pensó que iba a necesitar más tiempo y estaba dispuesto a darme todo lo que necesitara hasta lograrlo. Estoy muy agradecida por él y gracias a él estoy aquí. ¿Y qué decir de mi familia? Estoy segura de que me voy a olvidar de nombrar a alguien. ¿Lo nombré a Chris? ¿Acaso sea tan despistada y me haya olvidado de nombrarlo? Es que pasa el tiempo y no quiero olvidarme de nombrar a nadie, pero estoy aún shockeada. Mi familia es todo para mí. Ellos no dudaron en que sería capaz de lograrlo, en que no los defraudaría y en que sería capaz de lograr todo para el bien de ellos y el mío. Puedo ver la satisfacción de mi hermano. Él piensa como yo. Él siente como yo. Él se sacrificó como yo. Debe haberse sentido incómodo al principio. Él tocaba el bajo en una banda cuya vocalista, que era yo, sólo tenía 8 años. Él ya tenía 16. Al comienzo no toleraba tocar esas canciones que no le gustaban para nada. Pero como yo sabía del mandato familiar y como yo dio mucho más de lo que se esperaba de él. Hizo la música, se refugió en su cuarto pensando en nuevas ideas para el grupo y para hacer de la banda un puñado de músicos talentosos con estilo propio e innovador. Este premio también es de él. Él dio todo por mí sin necesidad de hacerlo y con la intención de que me luciera como la mejor cantante. ¿Qué haría sin él? Espero que siempre nos vaya bien pues si me viera triste por algo o me pasara algo malo, él sería el primero en sentirlo. ¿Y qué decir de mis padres y de mi hermana? Que ellos me ayudaron a recibir este premio y que se sienten contentos de que esté aquí recibiendo el premio. Somos, además de una familia, un gran equipo. Todos para uno y uno para todos. Este éxito es de todos ellos. Mi padre como manager, mi madre como compañera, mi hermana como confidente y asumiendo su rol en la vida y en la banda. Ya ni recuerdo qué dije. Lo único que sé es que cumplí con el minuto que me dejaron. Siempre me enseñaron a respetar las reglas. Si quiero que me respeten primero debo respetar a los demás. Ésa es una regla de oro que grabó mi padre a mí y a cada uno de mis hermanos. Y ésta no sería la ocasión en la que esta regla tuviera su excepción…


Salí acompañada por una de las presentadoras que me enseñó por dónde salir. No pude con mi genio y le empecé a decir cosas graciosas para que se riera, para descomprimir el momento y para que pudiera salir de mi estado de shock. Recuerdo haber salido del escenario riendo a carcajadas con la presentadora. Volvía a la “normalidad”. Afuera me esperaban mi familia y cientos de reporteros que me preguntarían quién soy y qué representa este premio para mí. Yo sólo quería encontrarme con mi familia y fundirme en un abrazo, en un beso. Quería decirles que lo logramos una vez más y que nada nos detendría. Quería encontrarme con la prensa y decirles lo que era para mí este galardón, quería que me conocieran, deseaba que supieran de dónde vengo y a dónde voy. Quería que empezaran a familiarizarse conmigo, que empezaran a quererme por lo que soy dentro y fuera del escenario, querían que supieran de mi historia. Y me reservaba para mí ese momento, ese pequeño momento de la playa, ese momento para estar sola y llorar, reír, mirarme al espejo, tocar mi cuerpo, sentirme bella, querida y feliz. Quería más que nunca hoy tener ese momento cuando ya las luces del salón y de la ciudad se apagaran, y cada uno se encontrara solo consigo mismo y con el mundo. Quería estar sola frente al mundo orgullosa de ser y de sentir lo que soy y lo que represento. Quería sentirme orgullosa de ser Selena, esa cantante que empezó bien de abajo, con nada de ayuda y con todo para ofrecer. Quería sentirme plena, quería sentirme orgullosa de haber logrado un paso más, un paso más para ser feliz, un paso más para ser libre. Yo quiero verme frente al espejo y decirme que todo lo hago por Amor, que lo único que quiero es ser feliz y que todo el mundo me quiera. Y quiero verme frente al espejo y juramentarme que no bajaré los brazos hasta que todo lo que me propuesto lo logre, que logre ser feliz siendo como soy, y ser la misma siempre dentro y fuera del escenario. Porque en definitiva yo sólo quiero que me recuerden con Amor, yo sólo quiero que todo el mundo se sonría de felicidad cuando me vean, cuando me nombren. Yo sólo quiero que todos sepan de qué se trata cuando escuchen el nombre de Selena…


(Y así será, Selena, así será mientras haya gente que te quiera, mientras haya gente que sólo desee que se te recuerde con Amor y que se te cumplan todos tus sueños … para que cada noche te veas al espejo y te sientan orgullosa de ser la única, la inolvidable Selena, la única que puede detener a este mundo y llenarlo de Amor con su sonrisa, con su voz y con su presencia.)


Yo sólo quiero verte feliz, Selena … Yo sólo quiero ser un instrumento para que se te recuerde y se te respete como artista y como persona. Yo sólo quiero darte todo a cambio de nada. Yo sólo quiero volverte a ver con tu Amor y con tu eterna sonrisa…


Sergio Ernesto Rodríguez
(Buenos Aires, Argentina)




Vivir como si fuera el último día, Selena…


Hace muy pocos días aquí en mi ciudad y en mi país quedamos conmovidos por la muerte de una periodista muy joven en uno de los tantos consabidos accidentes de tránsito. Esa mujer se había recibido de abogada y había ejercido el periodismo desde hacía mucho tiempo en un canal de noticias muy importante mientras estudiaba abogacía. Empezó de abajo, bien de abajo, trabajando muy duro y obteniendo cada logro con mucho esfuerzo y dedicación. De a poquito le fueron dando espacio en la programación de canal. Primero haciendo móviles en el exterior, luego conduciendo los fines de semana hablando sobre panorama internacional, y dado su profesionalismo, sus conocimientos, sus ganas de perfeccionarse siempre y su gran simpatía provocaron que las autoridades del canal le dieran un espacio en el resumen diario a la medianoche. En cuanto se instaló allí sus ideas innovadoras, su particular estilo de conducción y su gracia hicieron que la medianoche se convirtiera en algo muy atrayente para los televidentes que hicieron de ese programa su espacio, que era el espacio de Nínawa, tal cual ella se llamaba. Tenía un futuro enorme, tocaba el cielo con las manos ... El destino parecía llamarla para que fuera una de las más importantes y preparadas periodistas y conductoras de televisión que diera el medio. El viernes pasado se había despedido de los televidentes. Se iba de vacaciones. Iba a volver en febrero. Agradeció a la gente y a los jóvenes que habían visto en ese programa un lugar en el que se habían sentido representados, y dijo que para ella lo fundamental era que las cosas se hicieran con Amor, que sólo haciéndose las cosas de esa manera se lograría todo y cambiaría el mundo … Y se fue … Se fue para siempre ... Tan sólo dos días después moría en un choque frontal del vehículo conducido por su novio camino al aeroparque que la llevaría a un lugar para descansar y para soñar. Tenía tanto para dar …¡¡Tenía tanto por hacer!! Estaba asomándose a la gran pantalla, estaba pegando el gran salto producto de tantos años de sacrificios y de lograr cada paso por su propio mérito ... Tenía sólo 30 años ... Era carismática e innovadora. Era perfeccionista y respetuosa del público. Era querida y apreciada por sus compañeros de trabajo. Tenía todo y un día se quedó sin nada, como tanta gente buena que está en este mundo, un mundo que parece empecinado a llevarse siempre a la gente que contribuye a cambiarlo con tanto Amor…


Demás está decir que esta triste historia se asemeja a la de Selena. Yo no conocía a Nínawa, como tampoco a Selena. Apenas si la había visto alguna vez y me llamó la atención su simpatía, como me pasó con Selena. Y siempre estas historias me provocan sensaciones de tristeza, de desconsuelo, de impotencia, de indignación, de extrema pesadumbre. Nunca entenderé por qué muchos que tienen tanto para dar se tienen que ir. No importa si son de mi agrado, si concuerdo con su visión de la vida, si me gusta lo que hacen. Me importa sí, más allá de que me guste, de que pueden hacer sus vidas, de que puedan hacer y ejercer el talento que tienen en toda su dimensión, de que puedan completar el camino que empezaron a transitar. No puedo concebir que gente tan talentosa y con tantas ganas de hacer, con tantas ganas de vivir plenamente sus vidas queden en el camino de una manera tan absurda, de un modo tan cruel. Nunca entenderé por qué Dios nos puso en este mundo para vivir estas cosas. Estas cosas no deberían suceder. Nadie debería morir tan joven y mucho menos cuando se está no sólo en la flor de la vida sino en el momento en el que está por lograr aquello por el cual tanto soñó, tanto luchó, tanto trabajó. No es justo. Definitivamente no es justo que a alguien le hagan esto. No es justo que lo hagan luchar, ilusionarse, soñar para luego, cuando están por lograr todo gracias a su esfuerzo y a su propio mérito, se lo quiten tan impunemente. Es como quitarle un juguete a un niño luego de regalárselo. Es como si un padre le promete a su hijo que si logra tal cosa lo premiará con algo del cual el niño siempre soñó, y luego no compensárselo con cualquier argumento, con excusas absurdas y sin sentido. A veces uno cree que si se hacen estas cosas el daño nunca es tan grande, que ese dolor siempre se olvida, que las heridas siempre cicatrizan. Y no es cierto. Nunca es cierto. El dolor más grande siempre está presente en cada acto de nuestras vidas. Lo podremos atemperar, lo podremos superar, buscaremos el lado positivo de las cosas para salir adelante, pero eso que nos dolió, eso que nos dejó una herida en nuestra Alma siempre estará presente. En el caso particular de Selena, la contrariedad, el estupor, el dolor, la indignación, el llanto se agigantan porque ni siquiera nos podremos consolar convenciéndonos con que lo que le sucedió es algo del cual no se podía evitar. Si alguien se nos va por un accidente, como en el caso de Nínawa, tal vez nos consuele saber que poco se podía hacer, que fue inevitable o impredecible ... Tal vez … Aunque hasta en estos casos podremos pensar que podría haberse evitado con un poco de prevención, y por saber medir cada acto de nuestras vidas y qué consecuencias puede traer. ¿Pero en Selena? ¿Qué decir de lo que le sucedió a Selena? ¿Cómo entender un asesinato? ¿Cómo entender que una persona puede estar años pensando en cómo manipular y tener bajo su control a toda una familia, que se gana la confianza al punto de que le ofrezcan cargos, de que le den funciones que sólo se les ofrecen a personas de su exclusiva confianza, y luego quiera eliminar a la persona a quien supuestamente admira y que es la razón de su existencia allí en el entorno más exclusivo porque no se dan las cosas a su manera? ¿Cómo explicar o explicarse que una persona que le puso tanto Amor a lo que hacía, que se había ganado el cariño de tanta gente ofreciendo lo mejor de sí termine su vida siendo tan joven y de la manera más cruel? ¿Cómo explicar que la persona que le quitó todo tenga tanta maldad, tanta frialdad, haya estado días, meses y hasta años pensando y actuando con la finalidad de poder atar los destinos de tanta gente a sus designios, y que no dudara en comprar no sólo una sino dos veces un arma, y apuntarle y dispararle a alguien a quien se suponía que quería y admiraba? ¿Cómo explicar semejante locura y barbarie? ¿Cómo explicar que una persona sólo quiera eliminar a otra para sumirla en el mayor de los dolores a su padre, con quien estaba enfrentada? ¿Cómo explicar que una persona termine siendo para esta clase de gente sólo un objeto, un medio, un fin para lograr sus objetivos? ¿Cómo explicar que la maldad ni siquiera termine con haber cometido ese cruel acto sino que se mantenga siempre, hablando mal de esa persona a quien le quitó todo, y ventilando cosas de su vida privada en forma escandalosa y mentirosa? ¿Cómo una persona puede vivir pensando en disparar una y otra vez esa arma como si necesitara hacerlo todos los días para quitársela a su familia, quitar a Selena de la vida de la gente, privarle a Selena del goce de la vida, del hermoso sentimiento de cumplir con los más anhelados y hermosos sueños? ¿Cómo una persona puede vivir toda su vida manipulando una y otra vez a lo que tenga a su alrededor, pensar que las cosas son sólo blanco o negro, amigo o enemigo, según si las cosas se hacen a su manera o no? ¿No es tremendo cómo esa mujer ató a su propia familia, obligándola a que defiendan no sólo sus actitudes, no sólo lo indefendible, sino de que digan y repitan como loros sus “argumentos” y “explicaciones”? ¿Cómo puede ser que a esa mujer que está en la cárcel por un crimen que sí cometió le dejen hablar y decir tantas barbaridades y tantas crueldades sin que haya una sanción, una condena? ¿Cómo puede tener cosas de Selena sin que nadie se las pueda quitar después de lo que hizo? ¿Por qué no pueden impedir que se calle la boca siendo que silenció a una bella y encantadora mujer para siempre?


“Los buenos mueren”, decía una canción. Y mueren jóvenes, talentosos y con todo para dar. Me pregunto por qué todo es tan injusto. No hay peor sensación que ver cómo aquel que tenía tanto para ofrecer no lo pueda hacer ... No sé por qué Dios nos puso en este mundo. No sé por qué deberíamos esperar por tener un paraíso eterno en función de nuestros actos si muchos apenas pueden mostrar algo de todo su potencial en este mundo. ¿Acaso Dios no pensó que lo peor que le puede pasar a una persona es privarla de gozar de este mundo cuando comenzaba a percibir que comenzaba a lograr parte de todo lo que había soñado, que empezaba a asomarse en este mundo, que empezaba a gozar de esta vida luego de muchas privaciones y de esfuerzos? ¿Acaso Dios no pensó que con lo hecho a Selena se dejaba un mensaje de que nada tiene sentido, de que ningún esfuerzo hecho con tantos sacrificios y mucha honestidad tiene buen fin? ¿Acaso Dios no pensó en las consecuencias que traería dejar a esa asesina en esta vida viviendo tanto tiempo habiendo logrado sus macabros fines, y de privarle a Selena poder lograr sus más honestos sueños y a su gente poder disfrutarlo? “Los buenos mueren”, decía esa canción. Era una canción que se refería a René Favaloro, un reconocidísimo cardiólogo argentino, inventor del “bay pass”. Él rechazó innumerables ofertas de Estados Unidos y de otros países porque quería contribuir a la grandeza de su país. Él también quería un mundo mejor. Pero luego fue estafado, y ahogado por las penurias económicas, el desamor y el desánimo, decidió quitarse la vida, pegándose un tiro en el corazón … Las ironías de la vida ... Él, que tanto hizo por el corazón de tanta gente, decidió destruir el suyo … Creo que cuando uno padece las injusticias y las crueldades de este mundo resulta muy difícil superarlas. Tal vez el único aliciente que haya tenido Selena fue que apenas pudo sentir hasta dónde puede llegar la malicia de este mundo, cómo puede darse vuelta todo, cómo en un minuto lo bueno pasa a ser doloroso, el paraíso se transforma en un infierno, la confianza se transforma en traición ... No lo tuvo que padecer tanto, como una larga agonía … Pero lo más doloroso es ver y sentir ese trayecto de desesperación que tuvo que recorrer Selena para tener una esperanza, una quimera que no dependía de ella, que no dependía ni de su esfuerzo ni de su Amor. Lo más doloroso para Selena en ese trayecto de recorrido desesperado fue ver que todo se acababa de manera absurda e irremediablemente, que daba cuenta de la mentira, de la crueldad, de la traición, del mayor de los dolores. En ese trayecto bien Selena pudo haberse imaginado a la exposición que irremediablemente la pondría esa situación, y la angustia que lo provocaría saber qué pensarían de ella, si acaso la dejarían de amar porque nadie entendería por qué estaba allí, si se dejarían llevar por lo que dijera esa horrorosa mujer que tendría la voz que ella ya no podría expresar. Y bien uno puede imaginarse si toda esa mezcla de sensaciones no fue el motor, no fue el motivo para que Selena sacara fuerzas de las que tal vez ni siquiera sabía que tenía para hacer su último intento, su último esfuerzo por salir del infierno en el que estaba absurdamente metida. Tal vez lo más triste de todo sea que veamos a Selena tratando de entender por qué a ella, por qué justo a ella, que no le había hecho mal a nadie, que siempre había hecho las cosas con Amor, que nunca se ganó ningún enemigo y que sólo había obtenido cariño, reconocimiento y admiración de su gente, que siempre buscó solucionar las cosas con una sonrisa, que siempre buscó impedir que en su entorno la gente se peleara, que no hubiera nada que impidiera la armonía, que no hubiera gente triste. Selena se debe haber preguntado por qué a ella, que siempre puso su mejor predisposición aun cuando la mayor parte de su vida no las tuvo todas consigo, que pocas veces la vida se le presentó color de rosa y aun así siempre estuvo con la mejor sonrisa, con la mejor predisposición. Selena se debe haber preguntado por qué a ella, que nunca tuvo un pleito, que nunca tuvo gente que la odiara ni que la envidiara, que todos la querían, que la gente se acercaba a ella sólo para darle su mejor muestra de cariño y agradecimiento. Selena se debe haber preguntado por qué ahora, por qué tenía que pasarle esto en un momento en el que por fin luego de 23 años podía disfrutar a pleno con su vida. Selena se debe haber preguntado por qué estaba allí, por qué estaba con esa mujer que se sabía que poco lograría, que la estaba manipulando, que la estaba llevando de un lugar a otro tratando de que hiciera algo que jamás haría. Selena se debe haber preguntado por qué estaba sola allí, por qué nadie sospechaba que algo malo sucedía, que algo no estaba funcionando bien. Selena se debe haber preguntado por qué no pidió ayuda, por qué no avisó a su esposo antes de irse, por qué no llamó a su familia cuando veía que esa mujer mentía sin remedio y que la había hecho salir de su casa para acompañarla a un hospital aduciendo que la habían lastimado, y que luego estando allí no quiso decir nada. Selena se debe haber preguntado por qué no habían llamado a la policía y no la habían denunciado antes, cuando la habían puesto al descubierto y cuando era evidente que, perdida por perdida, algo iba a intentar hacer si no podía controlar todo, si no podía hacer las cosas a su manera. Selena se debe haber preguntado cómo dio ese mal paso, cómo no fue como los demás y no pensó sólo en ella, por qué buscó terciar en una contienda que debían solucionarlo los implicados y no ella. Selena debe haber pensado en que debió priorizar su futuro como cantante, con sus ideas como diseñadora y que sus sueños se hicieran realidad. Selena debió haber pensado en que durante toda su vida, y más en los últimos tiempos, había ocupado su cabeza en sus proyectos, y en todo lo que debía y quería hacer. Hasta pensó en postergar agrandar su familia porque primero debía lograr lo que había pensado para ella durante toda su vida. Y que justo cuando por un instante no pensó en ella sino en los demás lo estaba pagando caro, muy caro, y ella sola…


Es cierto que muchas veces cuando una persona se va de este mundo sus palabras, sus actos, sus movimientos toman otra dimensión, otra connotación, otra particularidad. También es cierto que llamativamente muchas de esas personas suelen decir o hacer cosas como si intuyeran lo que les puede pasar, como si supieran lo que les va a suceder. Es como la mejoría del enfermo antes de la muerte. Una sensación difícil de explicar científicamente, pero que existe. Nínawa hacía tan sólo unas semanas atrás dijo que notaba que llamativamente la gente ante la proximidad de la muerte o ante el riesgo de ella se ponía más buena, más tolerante, más contemplativa. Y concluía en que tal vez todos debíamos vivir como si fuera el último día de nuestras vidas, como si ese mismo día llegara la muerte con su guadaña a buscarnos. Y aparte de que esas palabras fueran un signo de algo que podía intuir, son razonamientos de los cuales todos deberíamos aprender. Nínawa lo dijo y pronto le llegó la muerte por un accidente. Tal vez hubo algo que no previno, algo del cual no pensó que podía derivar en el último día de su vida. Y tal vez eso fue lo que también le faltó a Selena. Tal vez su familia jamás lo pensó, dadas las circunstancias. Tal vez su padre nunca pensó en que sólo confiar en sus fuerzas a la hora de controlar a esa horrible mujer era arriesgado. Tal vez faltó pensar que se debe encarar cada día como si fuera el último, y que cada acto y que cada determinación de nuestras vidas pueden ser decisivos para saber qué nos depara el futuro. No se trata de vivir paranoicos, y de pensar que hay que vivir cada día con miedo y con cuidado. Pero si hay que ser precavidos, y saber si aquello que hacemos lo efectuamos porque lo queremos hacer o si nos dejamos llevar por el deseo y la locura de otros. Y si lo hacemos igual, pensar si somos conscientes de lo que nos podemos encontrar, si sabemos de los peligros y de sus consecuencias. En ese nefasto 31de marzo no puedo dejar de sentir esa sensación de una Selena yendo a ese oscuro motel preocupada y nerviosa, angustiada y molesta. Imagino queriendo solucionar todo por su cuenta, esperando que esa horrorosa mujer entendiera, irse sola para llegar a un acuerdo en un instante sin que haya más problemas, sin que intervenga más su familia y, sobre todo, su padre. Imagino a Selena pensando que bastaba con ver un rato a solas a esa mujer, seguirle el juego y satisfacer su pedido para poder seguir viviendo su vida, poder seguir tranquila con su vida personal y profesional. Por un instante, por un momento, Selena perdió la noción de qué era lo más importante para ella, qué era lo mejor para sí. Se dejó llevar por esa mujer, no hizo lo que más le agradaba y lo pagó caro, muy caro. Es curioso. Hay una escena en la película “Selena” en la que Selena, angustiada como estaba por no poder vivir su vida de novios con Chris por oposición de su padre, decide arriesgar su vida entrando en el juego de “bungee jumping”, saltando sin medir las consecuencias, sin saber lo que podía pasar, o tal vez no queriendo tomar consciencia de lo que estaba haciendo. Estaba jugando con la muerte. Sabía que podía pasar. Y cuando pasó por esa prueba, no dudó. Decidió casarse con Chris aunque lo tuviera que hacer en secreto. Tuvo que vivir la vida como si ése fuera el último día, y aprendió la lección. Ojalá hubiese ocurrido en la vida real. Ojalá hubiese sucedido aquel nefasto 31 de marzo. Tal vez el destino de Selena hubiese sido otro. Tal vez Selena hoy sería una mujer feliz…


Siempre será triste que gente tan talentosa y con tantas ganas de vivir y hacer se nos vaya. Y más triste que sus ejemplos sean borrados por el paso del tiempo y por la visión horrenda de que la gente a tener en cuenta es la que está aquí en este mundo, la exitosa, “la que llegó”. Tal vez sería bueno que, a pesar de todo, se mantenga vivo el recuerdo de Selena y que tomemos la posta de su ejemplo para hacer notar que se puede cumplir con aquellos sueños, con aquellas metas, que siempre es posible un mundo mejor, un mundo feliz. Si ella no pudo, tal vez podamos nosotros, no sólo recordándola sino siguiendo su camino, sus sueños, sus anhelos. Si acaso siguiéramos el ejemplo de Selena con la convicción de saber que la vida hay que vivirla hasta lo máximo, como si transcurriéramos el último día de nuestras vidas, otro sería el mundo. Selena quiso cambiar el mundo con Amor. Quizá nosotros podamos ponerla contenta si logramos hacerlo siguiendo su ejemplo…


Porque siempre habrá gente que querrá ver un mundo mejor dando todo con Amor…


Y yo estaré aquí, Selena, para seguir tu ejemplo y para hacer posible tu sueño, para hacer posible lo imposible…


Te quiere, te extraña, te espera…



Sergio Ernesto Rodríguez
(Buenos Aires, Argentina)