Saliendo en busca de un destino, Selena…
Selena salió de esa habitación con un profundo dolor en el pecho y sin saber qué había pasado. Tampoco quiso saberlo. Apenas salió de ese lugar que olía a desodorante de ambiente y lucía mal arreglado, sintió un impacto que sólo la impulsó a salir adelante, a salir como pueda, a buscar una explicación que la hiciera entender lo que había pasado. Corrió por impulso, corrió fugándose de algo que no entendía y que buscaba en esa corrida un recoveco, un escondite, un refugio que le permitiera pensar, pensar, entender, salir de ese dolor, ese dolor que ya le tocaba la espalda, un fuego que le carcomía el cuerpo, que se apoderaba de su Alma. Selena corría en dirección al lobby del motel, pero corría más para tener más tiempo para pensar en otra cosa, en pensar en las cosas lindas que había logrado, en buscar a su familia, en busca de su esposo. Selena corría y no quería tocarse su pecho ni nada de su cuerpo. Sentía un frío espantoso que le daba una idea de algo que no debía pensar, que no quería pensar. En un momento se preguntó por el anillo que llevaba en la mano y pensó en arrojarlo a cualquier lado, al piso, como solía hacer cuando se le caía un arete en el medio de un concierto. Hasta en el medio de la fiebre que sentía en todo su cuerpo, pensó en volver sobre sus pasos para devolvérselo y tirárselo en la cara a esa mujer, pero allí recordó lo que había sucedido apenas unos instantes antes y corrió más rápido aún. Fueron unos segundos interminables que parecían horas. Selena se dio cuenta de que el tiempo es tan, tan relativo, que eso que para cualquiera era sólo unos segundos para ella era una eternidad. Selena se preguntó si acaso eso que estaba viviendo y padeciendo no era también relativo … ¿Acaso lo estaba soñando? ¿Acaso fue un accidente lo sucedido o esa pérfida ejecutó lo que hizo con planificación y alevosía? Selena quiso pensar, se le nublaba la vista, sentía que perdía el conocimiento, pero ella hacía todo lo posible para no caer, para no dejarse vencer, para no permitir que le ganen en esta partida. Selena pensó si había caído en una trampa y recién se estaba dando cuenta de eso en ese mismo momento, cuando todo parecía tarde, irremediablemente tarde. Selena hizo un repaso rápido por lo sucedido en ese día y solo recordaba la cara dormida de su esposo mientras ella se iba sin avisarle en busca del encuentro con esa psicópata, su marcha presurosa al lugar tratando de ver si podía hacer algo, si podía acaso solucionar las diferencias entre su padre y esa mujer. Selena se había conmovido por los mensajes de ayuda de esa pérfida y no pudo dejar de sentirse culpable: “A ver si todavía lo que me dice es cierto y yo la dejo abandonada a su suerte”, pensó Selena mientras iba presurosa en su auto a su destino de muerte. Selena no sospechó de nada, como tampoco lo sospechaba su propia familia. Sentía pena porque la había acompañado durante mucho tiempo, pero también sabía que la relación no daba para más. Ahora todos sentían desconfianza e incluso su propia familia y ella misma no se animaban a echarla por miedo al escándalo, por miedo a lo que ella pudiera decir. Su familia pensaba que aún se podía tener a esa mujer adentro limitándola en su accionar pero haciéndole sentir que estaba dentro de la organización … Mientras Selena corría se lamentaba por no haber pensado más en ella, por no haber sido más egoísta, por ser menos solidaria y dejar que los problemas de los demás lo solucionaran ellos y no ella sola. Selena corría y sentía que algo que parecía ser una o varias lágrimas le recorrían los ojos, la cara, el cuerpo y caían sobre el piso tras su paso. Selena pensó que estaba perdiendo todo, todo, por ser buena, por ser componedora, por ser honesta, por ser humilde, por pensar más en el bien de los demás que en el bien propio. Selena se maldijo por haber sido así. Ahora estaba sola y desamparada, sola y sin nadie que la ayudara, sola con su Alma y su corazón. Selena pensó como nunca que uno no es nada en este mundo, nada. Que así como se tiene todo mañana se te quita y ya no lo tienes. Selena tomó consciencia de lo tan cerca que estaba de la gloria y qué tan lejos quedaba todo … Hasta allí en su fuero más íntimo se sentía la mejor, la Reina, la princesa que se paseaba por el mundo que se le rendía a los pies y ella sonreía de placer y a la vez de agradecimiento … ¿Y ahora? ¿Ahora qué quedaba de aquello que parecía tan lejano, tan gris, tan lluvioso, tan nublado, tan triste? Selena buscaba una explicación, algo que le permitiera entender, algo que le permitiera vivir, algo que le permitiera seguir soñando, seguir con esperanza, seguir con alegría. Pero cada vez le costaba más, como le costaba llegar al bendito lobby del motel. Apenas podía recordar el silencio de la pérfida, la negativa a ser revisada, su desconcierto por esa actitud que se contradecía con el deseo desesperado por ir al hospital para ser atendida. Selena podía recordar a la enfermera, esa mujer que tal vez se daba cuenta del desconcierto de ella misma por lo sucedido y que le quería decir algo, algo que por allí a Selena le podía dar una idea de lo que estaba realmente pasando … Selena estaba arrepentida de no haberla escuchado, de no permitirle hablar por miedo a que esa psicópata la escuchara. Y si Selena tenía miedo de esa mujer, ¿por qué siguió a su lado? Si ya no confiaba, ¿por qué no pensó en lo que podía hacer luego de haberla engañado con el viejo truco de ir al hospital? … “Claro -pensó Selena-, ella me llevó engañada a ese lugar, ella nunca quiso ser revisada, ella sólo quería que fuera sola para realizar lo que me acaba de hacer”. Selena se tomó el pecho y se horrorizó sin mirar. Sabía lo que eso significaba. Ya no quiso pensar en lo que había pasado. Tampoco en lo que estaba sucediendo. Sólo quería pensar en lindas cosas, lindos recuerdos, hermosas sensaciones. Quería dormirse o tirarse allí mismo para descansar un poquito, aunque sea sólo por un instante. Pero no, Selena sabía que si caía allí no se levantaría más, que no lo podía permitir, que no lo debía permitir. Selena sabía que sólo un milagro y su propio ímpetu la habían sacado de ese lugar y de ese ataque artero, pero no se pudo salvar del todo. Lo sabía, y sabía que algo estaba mal, muy mal a pesar de todo su esfuerzo y su energía inagotable. Se lo hacía notar su cuerpo, todo dolorido y mojado, muy mojado, por el sudor, quizá, o por otra cosa que ni quería saber ni imaginar. Selena sólo tenía un objetivo, un solo y modesto objetivo …. Llegar a la puerta, llegar a esa bendita puerta que la llevaba al lobby del motel. Si llegaba, pediría ayuda y ella se salvaría … seguro que se salvaría. Ahora estaba sola, agotada y con mucho frío, tanto frío como dolor … dolor en el cuerpo, dolor en el Alma. Selena se sentía sola, tan sola como nunca lo había estado en este mundo, sola sin su familia, sin su esposo, sin su gente. Pero allí estaba la puerta. Ella la empujaría con su último esfuerzo y del otro lado estarían todos para socorrerla … Ellos no la dejarían caer, ellos la salvarían, ellos no la dejarían irse de este mundo de una manera tan triste y tan absurda … Selena se aferró a su anillo como si allí mismo estuviera su vida y que de ella dependía que no se le cayera para seguir viviendo … Y mientras que con una fuerza increíble e inusitada se aferraba a ese anillo, apretaba bien sus ojos para retener esas bellas imágenes, esos bonitos recuerdos, esos momentos en los que todo era ilusión e inocencia. Selena no creía en la maldad. Ella se había desenvuelto en la vida con rectitud y honestidad. Selena no era confianzuda, pero creía en la palabra de la gente, en sus buenas acciones e intenciones. Sí. Selena tenía esperanza, sabía que una vez traspuesta esa puerta todo volvería a la normalidad y volvería a ser feliz. Selena siguió corriendo, cerró sus ojos y se rindió a sus recuerdos, a esas lindas imágenes que la permitían seguir estando viva. Selena cerró sus ojos con la seguridad de que cuando los abriera de nuevo ella volvería a sonreír…
Selena salió por esa puerta y encontró un mundo de gente que gritaba, gritaba y gritaba. Selena había esperado mucho ese momento. Y tanto lo esperó que nada lo dejó librado al azar. Como tantas otras veces, como durante toda su vida, Selena había llegado temprano al inmenso Astrodome de Houston, Texas, para dar su mejor concierto, o al menos el concierto del que todos hablarían por años, por décadas, por siglos. Selena sabía que tenía un desafío, de esos desafíos que a ella le gustaba poder sortear. Era la tercera vez que se presentaba allí. Desde 1993 en el último fin de semana de febrero Selena celebraba un ritual con sus fans y ya para ese entonces pintaba para ser cada vez más mítico y más apoteótico. Muchos ajenos se preguntaban cómo una mujer como Selena había logrado lo que nadie, que era romper el récord de asistencia de público desde su primera presentación. Pero para el que conocía a Selena desde siempre nada era sorpresivo. Selena desde hacía un buen tiempo era una realidad. Ya no era esa niña simpática que encantaba con su dulce voz, ya no era esa adolescente que se constituía en una promesa … Selena era una mujer, una estrella, una diva, pero una diva del pueblo, una mujer como cualquiera de su público que estaba allí para entretenerlos, como lo supo y aprendió desde que tenía 8 años. Y el que conocía bien a Selena sabía que iría por más, por mucho más. Por eso a nadie sorprendió que esa noche del 26 de febrero de 1995 Selena rompiera el récord de asistencia en el Houston Astrodome, que tenía ella misma en su anterior presentación del 27 de febrero de 1994, y que ésta a su vez rompiera el récord de su performance del 28 de febrero de 1993. Selena podía dar una imagen de mujer descuidada, desprolija, un tanto atolondrada y con una mala e injusta fama de que llegaba a todos lados tarde … Pero Selena no era así, para nada era así. Y encima esa noche era muy especial, más especial que en la anterior vez, en la que adelantó algunos temas de su disco “Amor prohibido”, y más especial que la primera vez que se presentó, en la que pudo comprobar lo tanto que la querían … Ahora Selena tenía un disco en inglés en preparación y próximo a salir … Selena pensó en arrancar con unos diez minutos de un middley de los años ’70 que le permitiera mostrarse al público de una manera que debía ser más común en el futuro … mostrarse como una artista internacional cantando en inglés. Iba a ser una pequeña muestra, pero una muestra que iba a ser cada vez más frecuente y de mayor duración. Era el comienzo de una nueva etapa en la que Selena apuntaba a un camino mucho más ambicioso y en el cual ya se sentía en condiciones de poder afrontarlo … Selena sentía que los “gringos” la esperaban expectantes, que más allá vendrían Europa, América latina, China, todo Oriente. Y Selena no tenía límite y sentía que lo podía lograr como esa noche. Cuando le comunicaron sobre el récord de asistencia al público sintió una gran satisfacción, porque en definitiva todos esos logros eran producto de años de esfuerzo y de dedicación. Y esa noche no sería la excepción. Porque Selena no se dormía en los laureles. Porque Selena sentía que en todos los conciertos tenía que ratificar aquello que había logrado. Así, Selena fue temprano al estadio para ensayar cada tema, cada baile, cada paso. También eligió cuidadosamente su vestimenta. Estaba en duda entre dos vestidos, pero al final se decidió por uno morado que había sido diseñado en función de una de sus tantas ideas. Selena tuvo tiempo hasta de atender a toda la prensa, a los fans, de saludar a los que se acercaban al estadio para presenciar el concierto. Porque Selena era así de simple, así de responsable, así de profesional. Pero lo que tal vez pocos sabían era de la importancia que tenía para ella ese concierto. Selena tenía siempre ese temor a no ser querida, a ser rechazada, a dar un paso en falso. Y así como en la primera vez que pisó el Astrodome estaba con un gran temor al fracaso, ahora volvía a tener ese temor ante tamaño desafío. Durante un largo tiempo estuvo sola, absolutamente sola, en su camarín mirándose al espejo, arreglándose una y otra vez el vestido, retocándose una y otra vez su peinado. Estaba por salir al escenario con el pelo atado y con un rodete. De hecho así estuvo durante buena parte del día, pero le pareció que esa noche luciría menos sexy, por lo que optó por usar el pelo suelto y con flequillo. Aun así se retocaba el pelo y sobre todo el flequillo por miedo a que el viento de afuera se lo hiciera volar. El pelo atado lo luciría al otro mes, en los festivales y conciertos de marzo. Ahora quería lucir así, porque así se sentía más linda … Una vez que se sintió cómoda con cómo lucía, se miró al espejo y se juramentó que daría el concierto de su vida, que haría una actuación de la que nadie olvidaría. “¡¡Vamos, Selena!! Tú puedes. Tú eres la mejor. ¡¡Es a ti a quien todos quieren!! Demuéstrales que vas por más, por mucho más, y que los sorprenderás otra vez. ¡¡Vamos, Selena, que estás cerca, muy cerca de la gloria!! No tienes que tener miedo, no tienes nada que temer. A ti te costó todo, tuviste que sacrificar muchas cosas para llegar, tuviste que dejar más de una cosa a un lado. Tal vez no haya sido el camino que hubieses elegido, tal vez si fuera por ti te hubieses dedicado a otra cosa, pero ahora sabes que todo lo puedes lograr. Nadie te va a impedir lograr lo que quieres. Sólo sigue así, Selena, sólo sigue siendo tú misma y nadie te detendrá. Allá afuera la gente te quiere. Sólo dale lo que te piden y mucho más. ¡¡Si todo sigue así, tú serás la N° 1 en todo el mundo y todos sabrán de quién se trata cuando se invoque tu nombre!!”, se repetía y alentaba Selena una y otra vez. Cuando llegó el momento de trasponer esa puerta, Selena sintió que las cartas estaban echadas. Salió con un frío que le recorría toda la espalda, que pronto se disipó cuando sintió el calor de su gente. Selena poco recordaría de lo que sucedió esa noche. Sólo recordaba el nerviosismo del inicio, lo libre y alocada que se sintió al cantar “La carcacha”, la increíble interpretación de “Si una vez”, en la que se permitió darle una “vuelta de rosca” a algo que ya tenía estudiado de antemano, que era detenerse en un momento ella y toda la banda para provocar la locura de la gente, pero cuando Selena sintió tamaña expresión de afecto, sorpresa, exaltación y alegría, se permitió prolongar el silencio, paseándose una y otra vez en el escenario con sólo dirigirse al público con un gesto cómplice. También recordaba el final del concierto interpretando “Como la Flor”, en el que ella le sonrió a la cámara y mandó su clásico saludo a su gente a través de ella, el goce de sentir que había hecho un gran concierto mientras interpretaba ese último tema, su sonrisa de satisfacción, de ternura y de incredulidad ante tamaña expresión de afecto de su público y esa despedida interminable del concierto en un auto que la llevaba camino al camarín. Selena sólo pensaba en su niñez mientras saludaba a cada uno de los asistentes al concierto. Siempre había soñado con ese momento y sentía que lo había logrado. Selena no quería irse del estadio. Sentía una rarísima sensación de que nunca más viviría algo semejante, como si fuera debut y despedida, como si aquello fuera el final de todo un ciclo de tanto trabajo, talento y dedicación. Selena estaba tan emocionada que cuando bajó del auto y un grupo de custodios se la llevaban al camarín, en un momento se soltó de ellos para asomarse por sobre su cabeza y seguir saludando. Selena no quiso irse esa noche sin dejar de saludar a nadie, sin dejar a nadie insatisfecho con su increíble actuación…
Selena salió rumbo al escenario sin poder dejar de expresar toda su emoción. Nunca se imaginó que le sucedería semejante cosa … “¡¡Un Grammy, un Grammy, un Grammy de verdad!!”, se dijo. Camino a recibir el premio pensó en todas las chanzas que había hecho respecto de sus posibilidades de ganarlo. Se cansó de decir que ella no lo lograría, que sólo iría a sacarse fotos con los artistas consagrados, con los artistas “de verdad”, pero en su fuero más íntimo sabía que todo era posible, que lo podía ganar, que tenía altas chances. Selena había pensado cuando un año antes había obtenido su primer galardón en Premios Lo Nuestro y en lo realmente emocionada que estaba. Y no era para menos. Ese premio era el primero internacional por fuera de los premios de los Tejano Music Awards. Ése sí la había marcado a Selena pues allí daba cuenta de que ya no era sólo la artista tejana con éxito y galardones. Ahora era toda una artista internacional reconocida. Por eso no pudo dejar de expresar tantas emociones, tanto llanto, tanta alegría. En aquella oportunidad Selena supo que había dado un importante paso en su carrera, que se le abrían más puertas, más posibilidades, podía ilusionarse con ser la mejor artista del mundo. Pero ahora con el Grammy … Selena comenzó a tomar conciencia de sus posibilidades, que ya ella y su banda no eran los mismos que iban de pueblo en pueblo en un bus en busca de un futuro mejor. Ahora Selena estaría más expuesta, tendría más responsabilidades. En aquella oportunidad Selena sentía la emoción de una niña que había logrado ese primer paso que lleva a la fama. Ahora Selena sentía que estaba en la fama. Subió lentamente los escalones pensando en cómo comenzó todo, en qué momento la historia comenzó a cambiar para tener esta instancia, este premio. Pensó que nada era casual. Podría pensar que al fin y al cabo recibía el premio por su disco “Live” del año anterior y si ese disco salió fue porque a su padre le pareció una buena idea registrar su concierto en vivo en el Memorial Coliseum de Corpus Christi y José Behar, presidente de la Emi Latin, como todo proyecto de Selena, lo apoyó de inmediato. Selena sabía que para su padre el hecho de que ella tocara en la ciudad que la vio crecer cantando siendo tan famosa y popular luego de tantas penurias y sacrificios era un acontecimiento familiar muy importante que debía quedar registrado. Y así se hizo y así Selena lo sintió, a tal punto que en el medio del concierto Selena saludó y agradeció a sus padres que estaban presenciando aquel momento … En aquel 1993 Selena vivía todo como lo vivía su familia, como una niña contenta y emocionada porque se le iba dando todo lo que había soñado y con la incredulidad de que aquello fuera realmente cierto. Selena sabía de su talento como de la capacidad de todos para llegar al éxito. Si había algo que Selena sabía muy bien era el trabajo de equipo de todos los que la rodeaban, de lo solidario que siempre fueron, de lo excelentes personas que eran. Pero Selena aún no lo podía creer, como en aquel momento en el que se tomó la cara y se puso la mano en el pecho cuando recibió el galardón a la mejor cantante méxico-americana en la edición 1993 de Premios Lo Nuestro. Era no poder creerlo pero saber que lo tenían merecido, que tenían todo para lograrlo y que habían hecho un gran esfuerzo para llegar a ese objetivo. Eran momentos para gozar y no pensar en qué les depararía el destino, en pensar en el paso a seguir … Selena sólo siguió trabajando en sus proyectos como si nada hubiese sucedido, como si ella o la banda apenas hubiesen logrado algún reconocimiento y nada más. Por eso para ella y para toda su familia nada de lo que les estaba ocurriendo les iba a cambiar la vida. Selena siguió yendo en el bus a los conciertos, los planes eran los mismos, los objetivos seguían intactos. El padre de Selena podía ser muy duro con sus hijos recalcándole que todavía no habían logrado nada, que lo obtenido hasta allí apenas le permitían seguir luchando y soñando con total convencimiento. Selena a veces le hería tanta exigencia sin hacer hincapié en lo logrado, pero sabía que su padre tenía razón y por eso lo entendía. Selena aún pensaba en su proyecto de modista y para eso necesitaba ser más famosa aún. Eso le permitía no sólo obtener más dinero para solventar su proyecto, sino de hacerse un nombre que fuera tomado en cuenta en todo el mundo. Selena sentía que debía dar un pasito más … Y ese pasito sintió que lo había dado cuando recibió el Grammy. Selena estaba conmocionada por el premio. A la hora de agradecer alteró el orden de las personas nombradas y hasta omitió otras … Se podía decir que Selena estaba tan nerviosa que se obnubiló. Pero no … No era lo que realmente le pasaba … La obnubilación la sintió un año antes … Ahora Selena sentía que las cosas habían cambiado, que este premio implicaba otras cosas y que había que estar a la altura de las circunstancias para afrontarlas … Le gustara o no, ella era ya una estrella que estaría más que nunca a la vista de todos, en boca de todos. Selena no le huía ni a la fama ni a los fans. Podía ser muy tímida, podía no saber cómo encarar ciertas cosas, pero Selena sentía que debía hacerlo todo en ese momento, que no había que esperar para llevar adelante todo lo que tenía en su cabeza. Mientras su padre presionaba y lograba que la disquera Emi le prometiera sacar de una vez por todas el disco en inglés tan soñado y en el que algunas canciones ya se habían hecho, Selena presionaba para inaugurar sus primeras boutiques en San Antonio y Corpus Christi para luego hacer lo mismo en Monterrey y México DF … Selena sintió allí mismo que una nueva etapa se iniciaba en sus vidas, que aunque no estuvieran acostumbrados debían encarar las vidas artística y personal de otro modo, que no tenía sentido seguir yendo al ritmo de un bus cuando las circunstancias la hacían ir en avión ... Selena ante el público agradeció a José Behar y a su familia, pero no nombró ni a su esposo ni a su madre. Y no es que no los quisiera nombrar. ¡¡Claro que no!! Sólo que su mente iba más allá, mucho más allá … Si hasta pensó en que debería cambiarle las funciones a su presidenta del club de fans … Le parecía que debía ser ella misma la que debía hacerlo o alguien de su edad o alguien que la conociera bien. Pensó en hasta su madre y su hermana … pero pronto lo desechó … Esa mujer le resultaba muy servicial y fiel. No tenía sentido herirla … Dejó esas cosas para más adelante … Selena pensaba en su futuro y todas esas nimiedades podían esperar …. Selena emprendió la vuelta del recibimiento del premio y ya estaban su sonrisa y su ironía preparadas para afrontar las preguntas de los periodistas … El show debía continuar y ella estaba dispuesta a seguir el juego … Pero por dentro Selena pensaba en lo orgullosa que estaba de sí misma. Había logrado tanto en tan poco tiempo … Había logrado un Grammy, algo tan difícil para un latino en esa época … Selena sabía lo que vendría inmediatamente después ... Las repercusiones de semejante galardón, su segunda presentación en el Houston Astrodome, la salida del disco “Amor prohibido”, del cual todos imaginaban que sería un éxito total y que le daría a Selena el gran salto que ella tanto necesitaba … No hacía mucho que había logrado sus primeros N° 1 y ahora esta realidad, esta hermosa y divina realidad. Selena pensó que era hora de asumir que se jugaba en las grandes ligas y que estaba en ellos aprovechar ese momento y no desperdiciarlo … Desaprovecharlo podría ser fatal para todos, pero sobre todo para ella. Selena sabía lo que significaba ser la cara visible del grupo y el sostén de la suerte de su familia … Selena respiró hondo y miró al piso para después sacar su mejor sonrisa y sus primeras palabras en cuanto aparecieron los primeros periodistas a entrevistarla. Allí Selena volvió a ser la misma de siempre, la misma artista humilde y agradecida que no podía creer lo que estaba sucediendo, que sólo se permitía aceptar con satisfacción lo que el Señor le había dado … Pero Selena sabía que no era así … Si ella logró todo eso era por su temperamento y por el convencimiento de que no había nada imposible, que todo se podía lograr. Selena sabía que lo logrado era producto de saber de su situación apremiante y de lo que implicaría cualquier traspié …Cuando todos se marcharon y ella terminó de hacer una sesión de fotos para los organizadores del Grammy, Selena se permitió llorar, expresar en esas lágrimas su verdadero sentimiento, lo que había vivido en toda su niñez y adolescencia. Selena se permitió ratificar su juramento de que no pararía hasta que todo el mundo supiera quién era ella y la recordaran con Amor. Hasta había pensado plantearle a su padre o al mismo José Behar de tentar suerte en conciertos en Sudamérica, que sabía que la conocían, y que sería bueno hacerse ver y conocer para provocar el gran impacto como lo había logrado en México. Pero pronto lo olvidó y dejó que los demás decidieran sin hacer valer lo que quería para sí … Un error del que Selena se arrepentiría casi con desesperación más tarde, ese día lluvioso y nefasto en el que ella dejó de cantar y de sonreír…
Selena salió con mucho miedo a ese inmenso escenario de Monterrey. Por un momento pensó que tal vez su padre tenía razón al mostrarse reacio de ir por estas tierras sin sentir que Selena estuviera preparada para enfrentar un público nuevo, un mundo nuevo, una tierra nueva con distintas necesidades, pero la realidad de Selena, una vez más, pasaba por encima de cualquier explicación o argumento “razonable” que se le ocurriera a cualquiera que estuviera a su alrededor. Oscar Flores, representante de muchos artistas mexicanos, lo había convencido al señor Quintanilla de que Selena se presentara en Monterrey. Él sabía del impresionante éxito de Selena con el tema “Baila esta cumbia”. Allí mismo lo llamó al señor Quintanilla y le explicó sobre lo que generaba su hija por sus tierras. El padre de Selena le agradeció el ofrecimiento, pero le pareció muy arriesgado y prematuro presentarse allí. Era consciente de que Selena hablaba muy mal el español, que eso los mexicanos no se lo perdonarían, y que para revertir eso ellos debían saber todo 10 veces mejor que los demás, que ellos debían demostrar que lo podían hacer haciendo las cosas muchísimo mejor que el resto … En realidad, el padre de Selena seguía pensando en que el éxito vendría de la performance de Selena en los Estados Unidos, cantando en español para el público latino, y sobre todo cantando en inglés para los “gringos” … Era la gran apuesta del Señor Quintanilla, quien pensaba que si lo lograba de ese modo, el éxito y la fama de Selena romperían toda barrera que se le interpusiera en el camino. Oscar Flores le quería hacer ver que Selena era muy apreciada y querida en Monterrey, que sería bueno probar suerte allí, que en el peor de los casos no le pasaría nada … Pero el mismo éxito de Selena se encargaría de que el pedido de Oscar Flores se hiciera realidad. En 1992 en Estados Unidos había salido el álbum “Entre a mi mundo”, que generó que Selena tuviera sus primeros dos N° 1. Por aquellas épocas no salía en los otros países el mismo disco que en Estados Unidos: o salía un álbum distinto con otros temas o salía otro disco en formato maxi simple con dos temas. En Estados Unidos el éxito del álbum generó su primer N° 1, que fue el tema “Como la Flor”, pero en Monterrey el éxito de “Baila esta cumbia” provocó que rápidamente Selena lograra su primer N° 1 allí con “La carcacha”. Tan arrollador fue el éxito que Emi decidió sacar el primer video de Selena con el tema “La carcacha”, en el que lo filmarían en la mismísima Monterrey. Decidieron hacerlo en desmedro de “Como la Flor”, pues pensaban que “La carcacha” le abriría más fácilmente el mercado latinoamericano y eso no debía ser desaprovechado. Y mientras tanto Selena iba a Monterrey para presentarse en un gran festival en el que asistirían más de 100.000 personas para ver a sus artistas favoritos. Selena tenía temor en esas nuevas tierras por su limitadísimo español y porque no sabía cómo desenvolverse en esas nuevas tierras que supuestamente no la conocían tanto. Pero hasta la mismísima Selena tuvo que sucumbir ante la realidad que le mostraba que ella era mucho más conocida de lo que todos imaginaban y que el Amor que ella desplegaba por todos los lugares que pasaba era correspondido por un público que sólo le exteriorizaba su admiración y respeto. Hasta Monterrey y más allá llegaban los ecos de lo que Selena generaba en cada presentación en los Estados Unidos, y también llegaba su música que era tan o más apreciada que en todo Texas. Por eso Selena se quedó tremendamente impactada con el recibimiento del público una vez que ella apareció en el festival. Selena estaba impactada además pues no estaba acostumbrada a los escenarios mexicanos en los que el público estaba en el campo y muy cerca del escenario, a diferencia de los de Estados Unidos, en los que mientras Selena se ubicaba en el centro del campo en el que estaba el escenario, el público se ubicaba en las tribunas que estaban más lejos del escenario, por lo que la mismísima Selena, más de una vez, tenía que acercarse a ellos para darles aunque más no sea un saludito y hacer que el público sintiera la satisfacción de que la vieron de cerca y que incluso la pudieron tocar … A Selena sin duda le gustaba tener al público bien cerca para poder seducirlo e impactarlo mucho más fácilmente, y sentir más de cerca su Amor y su cariño … Pero en aquella tarde de Monterrey Selena hasta se asustó por ese gentío impresionante que coreaba su nombre sin parar. Selena sintió como nunca retumbar su cuerpo y sentir un gran estremecimiento al ver hasta en el horizonte mismo un reguero de gente que saltaba, gritaba y bailaba, y que buena parte de él presionaba para que ella cantara de una bendita vez. Para Selena era una gran satisfacción que ese público la apreciara tanto pero a su vez le generaba culpa por no corresponderles hablando como se debe el español. Y aun cuando se juramentó y cumplió con su palabra de hablarlo correctamente, ella sentía la satisfacción de haber roto una barrera que parecía infranqueable para una artista tejana, como lo era ella. Sintió que a ella la querían y no a cómo hablaba. Selena demostró con su talento y con su presencia que todas esas “dificultades” no eran más que excusas que usaban muchos para no prestar atención a determinados artistas. Y esas excusas con Selena no corrían … Selena se impacientó y hasta se preocupó de lo que estaba pasando. Estaba cantando un artista … La próxima sería ella. Pero eso a la gente no le importaba. Comenzó a corear su nombre para que entrara de una vez. Selena dudó. Sabía que no debía quebrar las reglas impuestas, y eso estaba bien, pero no podía dejar de oír y de sentir lo que expresaba la gente. Y eso para Selena era fundamental aunque fuere una manifestación en su contra. Selena miró a su alrededor y vio caras de profunda preocupación. Y de la preocupación se pasó al miedo cuando algunos, por la impaciencia e insatisfacción, comenzaron a arrojar latas de cerveza en muestras de repudio. Una vez más Selena sintió que ella estaba allí sola para salvar la situación, para cambiar el humor de la gente, para dejar de lado sus propios sentimientos para satisfacer los de los otros, como lo aprendió desde muy chica. Selena tomó valor y se puso a cantar con su banda ante la algarabía de la gente, pero eso le trajo un nuevo problema: el presentador del evento, Jesús Soltero, la increpó duramente haciéndole notar que lo que estaba haciendo no correspondía, que debía esperar su turno para cantar. Selena le quería hacer ver que más que los formalismos estaba la voz de la gente, y si a esa voz no se la atendía los problemas se hacían interminables con consecuencias inimaginables. Al final Selena pudo seguir cantando … gracias a la gente y fue un furor. Selena demostró allí que podía con todos y con todos, que su sola presencia, su voz, su talento, su sonrisa y su carisma lograban encantar y encandilar tanto a 5 como a 100.000 personas. Selena supo esa tarde que todo dependía de ella, que nadie podría con su increíble personalidad. Lo que le había hecho Jesús Soltero la había indignado, pero podía entenderlo y hasta le dio cierta gracia que él intentara impedir algo que ya tenía decidido hacer. ¿Cómo podía saber él que incluso ese mismo año Selena había decidido casarse en secreto más allá de la voluntad de su padre? Después de aquel incidente, Jesús Soltero se disculpó ante Selena y hasta la invitó no sólo varias veces a su programa de televisión, “Órale primo”, sino que se constituyó en la voz de presentación de sus conciertos en Monterrey … Selena se había convertido para México en la “artista del pueblo”. Es que Selena siempre lo había sido, sólo que algunos lo descubrían en esos momentos, en esa época en la que Selena tenía admiradores y ganaba premios por doquier desde que tenía 15 años, una época en la que Selena comenzaba a demostrar que un mundo, una vida y un ejemplo de trabajo, honestidad y tesón eran posibles frente al facilismo y la mediocridad reinantes…
Selena salió de un concierto en San Antonio para recibir a sus admiradores y firmales toda clase de autógrafos hasta que vio que un hombre muy apuesto y formal se le acercó para pedir hablar con ella. Selena desconfió de él. Pensaba que era un aprovechador o algo así. Por eso hizo como que no lo vio y siguió firmando como si nada hubiese pasado. El señor se acercó cuidadosamente y se presentó como José Behar, presidente de la Emi Latin. Selena lo miró de arriba a abajo, miró a sus fans y dijo “sí, claro”, lo que provocó la risotada generalizada y la consternación de José Behar. Selena siguió firmando autógrafos y cada tanto miraba de reojo a esa persona que seguía insistiendo con su cara de ruego que lo atendiera. Le inquietó el hecho de que él se mantuviera con respeto a distancia y sin insistir. Cuando finalmente el hombre se marchó, ella respiró aliviada pero con curiosidad por ese hombre que en realidad no parecía mala persona. Al rato, cuando Selena había atendido a todo el mundo y ya se dirigía a su camarín, fue increpada por su propio padre. “¿Pero qué has hecho, m’hija? ¿No te has dado cuenta? Ese hombre hablaba en serio. ¡¡Era el presidente de la Emi Latin en persona y vino a contratarte!!”. Selena se quedó muda. Pensó que había echado a perder la única oportunidad de ser contratada por una disquera importante … “Mira, Selena, menos mal que el señor Behar está fascinado por ti. Me vino a ver para decir que era en serio el presidente de Emi y me rogó que no te regañara, que sólo aceptaras una reunión con todos mañana. Así que te has salvado “por un pelito”. ¡¡Sólo te pido que mañana te comportes y no lo eches a perder en serio!!”, le insistió su padre. Selena asintió en silencio, un poco por culpa, otro poco porque ahora sí podía sentir que era una buena artista. No es que no lo sintiera, pero ella necesitaba de la aceptación de los demás. Ya tenía a su público tejano que la admiraba y quería, pero le faltaba que alguien importante le hiciera sentir que era una buena cantante. Y ahora venía este señor que se desvivía por contratarla en serio … Selena pensó: “Entonces debo ser buena en serio” y quiso dormirse con esa sonrisa que da sentirse plenamente satisfecha. Pero no pudo dormir de la emoción. Apenas salía de la adolescencia y los ’90 se asomaban con buenas perspectivas … Al otro día fue al encuentro de su familia y de José Behar. Era temprano, y se veía demacrada y terrible. Se arregló lo mejor que pudo y fue al encuentro de José Behar y su familia con miedo a generar una mala impresión, pero apenas llegó el presidente de Emi Latin se acercó a Selena y le dijo: “Antes que nada te pido disculpas por mi irrupción ayer. Tenías toda la razón para desconfiar. Es que no hallé otra forma de acercarme. Por suerte estaba tu padre y escuchó mis ruegos. Pero eso ya pasó… Quiero que sepas que eres una gran artista, única para mí, y sólo quiero ayudarte a que puedas cumplir tus deseos y los de tu familia…”. Selena se rió de satisfacción, pero no pudo con su genio y le dijo: “¡¡Es que no tenía forma de creer que tú pudieras ser presidente de una disquera!!”, y se echó a reír a carcajadas. El señor Quintanilla la miró con alarma y casi furioso, pero enseguida se tranquilizó cuando vio que José Behar se rió con ella con ganas dándole toda la razón a su observación. Selena firmó ese día el contrato y se sintió eternamente agradecida por ese hombre que le dejó hacer a ella, a su padre y a la banda todo lo que ellos querían, que luchó porque tuvieran todas las comodidades del mundo y hasta se peleó con sus superiores de la Emi Central para darles la oportunidad de sacar un disco enteramente en inglés. La irrupción de José Behar en la vida de los Quintanilla cambió las perspectivas de Selena, quien vio que el camino al éxito estaba más allanado. Sólo había que trabajar más y más, y aprovechar el momento. Pero también ese hecho los condicionó para otras decisiones. Luego de lo ocurrido con José Behar, toda la Familia Quintanilla se reunió para hablar sobre lo ocurrido y para llegar a la conclusión de que se podía ser desconfiado pero también aprender a escuchar antes que juzgar a los demás por las apariencias, pues siempre podría venir alguien con buenas ideas que le podrían cambiar sus vidas … A veces la vida es mucho más compleja de lo que parece, en el que no hay determinismos ni fórmulas que nos lleven al éxito o al fracaso … Años después, luego de otro gran concierto de Selena en San Antonio, alguien se acercó al señor Quintanilla para ofrecerse como presidenta del club de fans de Selena. Le hizo observar que siendo lo popular que era Selena, le llamaba la atención que no comercializara su figura vendiendo fotos, souvenirs, remeras …. Al señor Quintanilla le llamó la atención que una simple enfermera tuviera un criterio de marketing que ni él ni otros ligados al negocio de la música tenían. No confiaba tanto, como era propio de su naturaleza, pero con el antecedente de José Behar, decidió darle una oportunidad. Eso sí, le tendría bajo supervisión y vigilancia hasta que diera muestras de eficiencia y honestidad. La mujer cumplió acabadamente con las perspectivas de los Quintanilla, encima impresionó mejor aún porque tenía un perfil muy bajo y pronto formó parte del “círculo íntimo” de la familia … Tarde, muy tarde, toda la Familia Quintanilla comprobó que no todo lo que reluce es oro, como tampoco que hay que confiar en todo el mundo para progresar y que cierta gente puede ocultar su verdadera cara durante toda su vida ... Los Quintanilla supieron muy tarde que esa mujer no era como José Behar. Él quería lo mejor para Selena. Ella quería a Selena para sí. Cuando le hicieron notar que eso no sería posible, esa infame mujer ya estaba lo suficientemente instalada en la familia como para cometer la mayor de las atrocidades por osar ellos y Selena no cumplir con sus propios deseos. Los Quintanilla vivirían en carne propia lo que es realmente un psicópata, cómo es un lobo disfrazado de cordero. Pronto se darían cuenta cómo alguien en un minuto puede destrozar el trabajo honesto de años y años…
Selena salió al escenario toda sonriente y emocionada. ¿Quién lo iba a decir? Tenía sólo 16 años y lograba su primer Tejano Music Award. No era usual que alguien como ella lo ganara a su edad, aunque con Selena todo era diferente. Ya había sido nominada el año anterior. Pero ahora vinieron los premios y seguirían por 8 años consecutivos y más podrían haber sido si no fuera por aquello … Selena no tenía idea de lo que estaba gestando. Todavía no podía pensar si lo que estaba haciendo la haría catapultar a la fama, si haría historia, si sería recordada con el tiempo. Cuando se permitía soñar con lo que podría ser en el futuro, en esas noches silenciosas y oscuras en un bus en las que sólo se veían algunas luces de casas o de lugares al paso, o se escuchaba el sonido del Big Bertha, en un momento en el que Selena se permitía estar sola, bien sola, sola con su Alma, sola con su cuerpo, Selena soñaba con ser diseñadora, con hacer hermosos vestidos que llevaran su nombre como marca y que fueran lucidos en todo el mundo. Eso era lo que quería y por eso en sus extensas tardes libres en las que no tenía que estudiar, se ponía a diseñar y a hacer bosquejos de modelos de todo tipo. A Selena le encantaba crear, innovar, impactar, gustar, sorprender. Y si hubiese sido por ella toda esa energía y creación lo hubiese volcado en el modelaje, pero la vida y las circunstancias en las que ella misma no estaba exenta, la habían puesto en ese lugar, en un desafío que de ninguna manera Selena lo iba a eludir. A Selena le encantaban los desafíos. Siempre aceptaba los retos, le encantaba competir. Y ahora que tenía que demostrar que era la mejor cantante y que podía llegar lejos, bien lejos, iba a hacer lo indecible para lograrlo. Pero nunca perdió el eje de sus objetivos, de sus sueños, de sus planes. Imaginó que dando todo de sí no sólo demostraría que se podía y confirmaría lo que pensaba su padre de que ella tenía un talento innato para cantar, sino que con su fama podría llevar a cabo su pasión por la moda. Ya se imaginaba poniendo una boutique, una cadena de negocios que llevara su nombre y que podría explotarlo con su fama como cantante. Y también pensaba Selena que si la fama le venía pronto, enseguida pondría manos en la masa en su objetivo de ser modista. Selena no se imaginaba haciendo estas cosas ya siendo grande y una cantante casi retirada. En realidad Selena no se imaginaba una mujer grande. Por una extraña razón no se lo podía imaginar. Podía imaginarse casada, pensaba en la posibilidad de tener hijos pero no se podía imaginar siendo una adulta y menos aún una abuela o una mujer mayor. Como fuere, tampoco Selena quería esperar. Si lograba el estrellato no dudaría en poner su boutique. Ni siquiera esperaría la fama mundial. Arriesgaría apenas lograra trascendencia fuera del ámbito de Texas. No la corría nadie, pero Selena era así. También por una extraña razón Selena no quería ser una cantante en retirada para dedicarse a su pasión, porque para Selena el modelaje no era un pasatiempo, una ocupación para cuando no tuviera más nada que hacer. Es que Selena no vivía pensando que no tenía nada que hacer. Selena siempre tenía inquietudes, energía, ganas de hacer, ganas de hablar, ganas de dejar varias huellas en este mundo, ganas de ser recordada, ganas de poder plasmar en hechos todo lo que pasaba por su cabeza. Selena era de esas pocas personas que no se conformaba con lo que tenía, que siempre iba por más, por mucho más. Sólo así se entendía su “apuro”, más allá de que más de uno podía pensar que Selena sabía de su destino y de que no tenía mucho tiempo. Lo cierto es que Selena vivía todo así, con todas las ganas, nerviosismo y vertiginosidad que los disimulaba bien con sus risotadas y con su supuesto aire relajado en cada chiste. Pero Selena cada vez que se reía expresaba lo nerviosa que estaba, sus deseos de triunfar, su frustración si fracasaba, sus deseos de trascender y de ser querida. Y para Selena la humorada, la chanza, el chiste eran su forma de expresar el momento que vivía, y lo que realmente sentía y pensaba sobre todo … Selena lucía muy distinta en aquellos 16 años, muy distinta de cómo luciría después. Lucía un vestido largo y cerrado, tenía el pelo más bien cortito y con rulos. Pero con esa o con otra imagen más conocida y popular, Selena generaba lo mismo: Amor, cariño, ternura, alegría, pasión … Selena sintió que se mareaba cuando recibió ese premio. No tenía idea de lo que vendría después. Sólo se limitó a gozar del momento y a expresar la alegría con ironía y humor: “Agradezco a Los Dinos pues sin ellos yo no soy nada. Si ellos ganan, yo gano. Y si ellos pierden … ¡¡yo no los conozco!!”. Selena se retiró de inmediato sin esperar la reacción de la gente y menos quiso mirar a su padre. Apenas alcanzó a mirar a A.B. que la observaba mezcla de fastidio y resignación. Sabía que su hermana no podía con su genio y eso la hacía encantadora. Por eso finalmente le sonrió. Su padre iba a retarla, pero viendo lo contenta que estaba Selena y lo orgulloso que se sentía, sólo la abrazó y le dijo que la quería mucho. Nunca le dijo lo que sentía por lo que dijo. Y bien que lo hizo … Igualmente, Selena lo sabía y tampoco le preguntó nada. A veces es mejor optar por el silencio aunque uno no esté acostumbrado. A veces hay que dejar pasar ciertas cosas para saber valorar lo bueno de cada uno y de cada cosa… Selena se fue recordando aquella vez que fue a Matamorros e interpretó “La bamba”. Ella no sabía hablar el español y el público apenas la conocía. Aun así dio su mejor concierto y su máxima interpretación. Hasta invitó a su hermano a bailar para llamar la atención y A.B. aceptó, aunque enseguida se despegó de Selena porque le daba una gran vergüenza bailar con su hermana. Selena recordó ese hecho y vaya a saber por qué lo asoció con el premio. Y se fue con la satisfacción de que iba por el camino correcto. Alguna vez se iba a dar y alguien de afuera notaría lo que ellos mismos y los demás veían. Ellos eran una gran banda que hacía un gran trabajo en equipo y tenían talento. Luego de ese premio, Selena comenzó a pensar seriamente que el objetivo no estaba tan lejos, que el horizonte comenzaba a asomarse y ella sólo debía seguir por el camino hacia él…
Selena salió furiosa de su habitación. ¿Cómo le hacían esto a ella? Con sus 6 añitos a cuestas podía sentir que la estaban desplazando de la atención de la casa. Se sentía que ya no era la “baby”, que su padre no le prestaba la misma atención de siempre. Y todo por culpa del bajo, de ese maldito bajo que el señor Quintanilla le compró al hermano de Selena, A.B. Ahora resultaba que su padre vivía con A.B. enseñándole a tocar. Selena tenía no sólo la intuición de niña sino la intuición de mujer. Sabía que su padre se sentía contento en su vuelta a la música a través del bajo de su hermano. Su hermana Suzette y su madre trataban de calmarla, de que no se enojara, de que aceptara con resignación y alegría lo que estaba sucediendo. ¿Resignación? Esa palabra no existía en el vocabulario de Selena. Durante una semana Selena se encerró por horas en su habitación sin decir una palabra y sin permitir que nadie entrara. Al principio, todos creían que se encerraba para llorar, para leer o para mascullar su bronca … Nada más alejado de todo eso … Selena había tomado un libro viejo de canciones de su padre y cada día las ensayaba sigilosamente hasta aprenderlas a la perfección. Selena quería sorprender a su padre demostrándole que ella podía hacer cosas más importantes y trascedentes que la de tocar un simple bajo, y de acaparar más la atención haciendo y demostrando cosas sin la ayuda de nadie. Cuando estuvo bien segura de que había aprendido correctamente las canciones, esperó el momento justo. Siempre que su padre le enseñaba a su hermano, ella estaba encerrada en su habitación. Pero esta vez lo sorprendió en la puerta de la habitación de A.B. “Padre, acompáñame a mi habitación que te tengo que enseñar algo…”. Su padre estaba contento de que su hija estuviera fuera de su encierro y más animada. Imaginaba que le querría mostrar un dibujo o algo de su creación para que él se sintiera gustoso, lo aceptara y la hiciera sentir importante. En el trayecto hacia la habitación, notó que Selena tenía su viejo libro de canciones. Le preguntó qué hacía con él … “Es parte de la sorpresa que te tengo preparada. ¡¡Ya verás!!”, le dijo Selena. Una vez en la habitación Selena hizo sentar a su padre y le indicó que abriera el libro en una determinada página. Cuando lo hizo le pidió que le dijera qué canción había allí. Cuando su padre le contestó, Selena comenzó a cantar. Su padre se quedó impresionado. Su hija cantaba bien de verdad y sin que nadie la hubiese mandado a ningún lugar de enseñanza de canto. No podía salir de su asombro hasta que Selena se detuvo y le dijo que eligiera al azar otra canción. Cuando su padre lo hizo y el indicó el tema elegido, Selena comenzó a cantarlo. Selena creía que sólo estaba cautivando a su padre por saber las canciones y que con ello volvería a ser el centro de la familia, lugar que sintió que lo había perdido gracias a A.B. y su bajo. Pero no: Selena generó algo más que eso, algo que sería una constante en su vida, tan corta como bella y hermosa. Su padre advirtió el talento de su hija y pasaron muchas imágenes por su cabeza. Sintió que había llegado el momento de regresar al mundo de la música, sólo que lo haría a través de su hija … Cuando Selena terminó, él la abrazó largamente, le agradeció tamaña interpretación y le dio un gran beso. Luego se fue raudamente a ver a su esposa. Selena se sentía halagada pero no entendía nada, absolutamente nada ... Pronto entendería todo. El ir y venir de instrumentos musicales, la obligación de ella y de sus hermanos de ensayar como una banda tocando temas que ellos no conocían ni les gustaba les dio una idea de lo que le indicaba el destino, un destino al que involuntariamente ella contribuyó. Cuando vio que su padre llamó a la banda “Selena y Los Dinos”, supo que no tendría escapatoria a semejante responsabilidad. Su hermano A.B. se quejaba del material que cantaba. Su hermana Suzette se quejaba de su lugar no querido en la batería ... Selena no se quejaba. Tenía motivos pero optó por no hacerlo. “¿Tú querías protagonismo? ¿Tú querías exclusividad? ¡¡Ahí lo tienes!! ¡¡Aprovéchalo!! ¡¡Tú lo buscaste!! ¡¡Tómalo y no te quejes!!”, bien podría haberle dicho su padre. Pero Selena aceptó el desafío. No era el destino buscado, pero no lo iba a desaprovechar. Tenía un reto y no lo iba a perder. Tenía una responsabilidad y no la iba a sortear. Selena se juramentó que lo lograría, que pondría contento a su padre, y ella sería feliz, famosa, triunfante como cantante y dedicándose a la moda. ¿Qué más podía pedir? La vida estaba para vivirla y para lograr todos los sueños que uno se había propuesto. Selena sabía que había sorprendido a su familia desde que nació y sólo vivió para ratificar que para ella nada era imposible, que todo se podía lograr y que siempre se debía luchar para lograr lo que uno realmente quiere, aunque pasen muchos años, aunque se deban sortear muchos obstáculos, aunque se tenga que sacrificar muchas cosas, aunque se pasen muchos sinsabores para disfrutar el sabor de la victoria final…
Selena salió de las entrañas de su madre y provocaría la primera sorpresa para la familia. No era varón, como todos esperaban. Era una niña, una hermosa niña, que ya gritaba fuertemente, como un modo único e irrepetible de hacerse oír y respetar como tal. Su padre estaba desesperado. Sólo tenía pensado un nombre, Marc Anthony, y no se le había ocurrido un nombre de mujer como alternativa. Tanto él como su esposa hicieron saber a todo el hospital sobre su problema hasta que alguien que pasaba por el mismo problema les dio una solución. Una mujer a la que esperaba una niña pero que tuvo un varón le sugirió al padre de Selena el nombre que ella había escogido … Selena. El señor Quintanilla se quedó pensando. Nunca había oído escuchar ese nombre, pero le agradaba. Luego fue a una biblioteca para conocer su significado. Allí se enteró de que Selena provenía de la diosa Selene de la mitología griega. Era la diosa Luna, hermana de Helios, el dios Sol, y sus características eran que es alegre, simpática y afectuosa, que tiene una gran voluntad cuando se propone algo, y que es seductora y cariñosa. Cuando el señor Quintanilla volvió al sanatorio y vio a su hija recién nacida en brazos de su esposa, no dudó. “Me sugirieron que le pongamos Selena. A mí me gusta. ¿A ti qué te parece?”. Su esposa dudó, pero cuando el señor Quintanilla le dio el significado y vio a su hija, lo aceptó de inmediato. “Sí, pongámosle Selena. Ella parece muy simpática y cariñosa…”. El señor Quintanilla se sonrió y más aún cuando escuchó aturdido a su hija llorar … “Y yo no dudo de que triunfará en la vida. ¡¡Ya veo que cuando se propone algo, sin duda lo logra!!”, dijo y se marchó al registro civil para anotar a su hija no sin antes besar a sus princesas. El padre de Selena se fue contento. Él sabía que con ella todo iba a ser distinto. Lo podía ver, lo podía sentir. Aunque quisiera por igual a cada integrante de su familia, él sabía que Selena le iba a dar más de una satisfacción … “Sí, Selena ... Es un nombre destinado al éxito, un nombre destinado a ser recordado. Yo sé que el mundo sabrá de ella. No sé por qué. Lo intuí al verla, lo intuí por las sorpresas que ya nos ha dado. Yo sé que Selena me dará felicidad y yo se lo contaré a todo el mundo”, se dijo el señor Quintanilla al marcharse sin saber que muchas de esas cosas se cumplirían mas nunca podría saber todo lo que el destino le tenían preparado para él y para su familia, sobre todo para Selena, sobre todo para ella que nació para llenar de Amor y de luz a un mundo que la esperaba con tantas ansias, a un mundo que seguía queriendo creer con gente que diera todo de sí para ser de ésta una humanidad mejor…
(La vida puede ser hermosa. La vida puede ser cruel. La vida puede depararnos sorpresas. La vida puede pasar inadvertida ante nuestras narices. Nada es casualidad en la vida. Nosotros somos los forjadores de nuestro destino. Lo peor que nos puede pasar es transcurrir por la vida y no haber hecho lo que más queríamos hacer, no haber intentado al menos cumplir con nuestros sueños … Tal vez lamentemos que Selena haya estado tan poco tiempo en este mundo, pero es peor vivir 100 años y sentirse frustrado por no haber hecho nada, que vivir poco tiempo en forma intensa, buscando siempre cumplir los sueños propios y de los demás, intentando, siempre intentando, tener un motivo por el cual vivir cada día hasta lo máximo, hacer todo lo posible por ser feliz y hacer feliz a los demás … Así era Selena. Yo sé que aun en el dolor, si ella ve lo que hizo en tan poco tiempo se tiene que sentir muy orgullosa, más satisfecha que alguien que vivió sin hacer nada o con el rencor y la frustración por no haberlo siquiera intentado, por no ser feliz en cada acto de sus vidas. Selena sí lo hizo y por eso fue feliz y le sacó más de una sonrisa a la gente que la ha rodeado. Por eso a Selena la querían tanto. Era, además de una buena artista, una mejor persona. Selena era distinta y por eso se la extraña tanto…)
Selena … En cada recuerdo está presente mi corazón, este corazón que sólo a ti pertenece…
Te quiere mucho…
Sergio Ernesto Rodríguez
(Buenos Aires, Argentina)
Te prometo que lo haré, Selena…
Eduardo quedó shockeado aquella tarde del 31 de marzo en la que se enteró de lo que había pasado con Selena, pero no lo quiso demostrar ante nadie. Era su característica. Por eso, cuando ya no pudo más, les dijo a su esposa y a sus hijas que volvería en un ratito y se fue a su habitación. Encerró con llave la puerta y para asegurarse bien de que no lo oyeran, se dirigió al balcón y se encerró allí para poder llorar tranquilo sin que nadie, absolutamente nadie lo pudiera oír. Lloró con fuerzas, con ganas. Su dolor se potenciaba al oír los otros llantos de las otras casas. Todo era tremendo. Su ciudad, San Antonio, estaba paralizada, incrédula y dolorida por semejante noticia. Y Eduardo estaba allí, solo, como siempre estaba en estos casos, desahogando su dolor sin poder ni querer demostrárselo a nadie, como si el mostrarse tal cual era le produjera algún problema, como si decir o expresar lo que sentía fuera motivo de chanza, burla, señalamiento, vergüenza. Hasta ese momento Eduardo consoló como pudo a sus hijas, incluso a su esposa mientras miraba la televisión y no podía comprender cómo había sucedido todo, cómo le podía suceder esto a Selena. Él la admiraba pero nunca lo quiso demostrar abiertamente. Se recostaba en el fanatismo de sus hijas y en el seguimiento de su esposa. Él … Él decía que era una buena cantante y nada más. Pero nadie le creía. Se sabía que admiraba mucho a Selena. Pero hacía comentarios graciosos o intrascendentes como modo de comunicarse con su familia, pues le costaba mucho expresar sus sentimientos, sus verdaderos pensamientos y sentires. Pero lo que le había sucedido a Selena lo agarró en un momento trascendental de su vida. Ya había pasado los 50 años y comenzaba a sentir que todos sus sueños, toda su alegría de vivir, todas sus esperanzas se iban apagando. Como nunca le había pasado, comenzaba a pensar seguido en la muerte y en la vejez, y que eso apagaba sus deseos de cambiar, de hacer otras cosas, de vivir a su manera, como casi nunca lo había hecho. El crecimiento de sus hijas le iba dando una idea del paso del tiempo. Ya tenían 17 Daniela y 15 Graciela. Eran unas niñas cuando se hicieron admiradoras de Selena unos 7 años atrás. Crecieron con ella, vivieron con ella, soñaron con ella, se vestían como ella. Y Eduardo, que por entonces pasaba los 40 años, sentía que había revivido con Selena. Por ella se había unido más a su familia, con Selena se permitió soñar, pensar que aún todo era posible, que podía tener fuerza infinitas para luchar hasta el final … Con Selena Eduardo sintió que el tiempo se había congelado y que podía ser hasta inmortal. Así como Selena cumplía sus sueños y hacía real todo lo que había pensado para ella, Eduardo pensaba que no había límite para sentir que no había imposibles, que todo podía ser real. Pero ahora, ahora Eduardo sintió que nada tenía sentido, que el mundo era el peor de los calificativos que ni él mismo podía reproducir. Ya nada podía esperar de él ni de nadie. Por eso se escondió en el balcón para que nadie viera lo que le estaba pasando. Por primera vez sintió que estaba tirando la toalla, que nada podía hacer, que nada lo podía hacer feliz. Sí, allí estaba su familia, allí estaba el fruto de lo que él había construido con tanto esfuerzo, con tantas dificultades. Él estaría para ayudar a sus hijas y a su esposa. ¿Pero quién lo ayudaría a él? ¿Cómo podrían ayudarlo si siempre le costó decir lo que realmente sentía de las cosas, lo que soñaba, lo que aspiraba para él, lo que lo motivaba en la vida? Eduardo siempre había postergado sus cosas, siempre lo dejó para más adelante o en realidad siempre se ilusionaba y gozaba soñando en lo que podría llegar a ser si realmente hacía lo que realmente sentía, pero siempre se recostó en las pequeñas alegrías que podría tener cada día, consuelos apenas que le permitían seguir viviendo con una sonrisa y soñando, soñando con que todo cambiaría y podría ser realmente feliz. Cuando apareció Selena en su vida a través de sus hijas, sintió que sus sueños se potenciaban más. Decididamente Selena representaba los sueños de la gente, las expectativas de todos, la alegría de tantos. Eduardo se limitó a sentir el placer de acompañar a sus hijas y a su esposa en la asistencia de los conciertos a Selena, a comprarles a Daniela y a Graciela toda clase de souvenirs y de presentes, de estar con ellas compartiendo sus alegrías cantando a viva voz sus canciones mientras escuchaba sus discos que él les compraba apenas salían a la venta. A Eduardo le encantaba compartir ese placer de comprarle cosas a su familia. Era su mejor manera de exteriorizar sus sentimientos y él Amor que les tenía, ya que le costaba poner en palabras ese sentimiento. Pero la que mejor le había sacado una radiografía era la mismísima Selena. Cierta vez había ido con sus hijas y esposa a la edición 11 de los Tejano Music Awards. Selena lucía preciosísima con su vestido y su pelo largo y con flequillo. Comenzaba a ser ya una mujer que apuntaba bien, bien alto. Había emocionado con una increíble interpretación de un tema en inglés, “Where did the feeling go?”, y todas quisieron esperarla a la salida para saludarla y pedirle un autógrafo. Eduardo las acompañó, pero se mantenía a distancia. Siempre se jactaba de que a los artistas había que admirarlos sin molestarlos, sin pedirles cosas pues pensaba que ellos no tienen obligación de dar, que la exteriorización de su admiración debía hacerse mientras estaban actuando pero no fuera del escenario. Por eso estaba allí, parado contra un poste mientras sus hijas acompañadas por su esposa se agolpaban a la salida del escenario para esperar a Selena. Había pasado mucho tiempo y Selena no salía. Muchos desistieron de esperar, no por fastidio ni mucho menos, sino porque creían que Selena sería demorada por los periodistas y por las autoridades del evento, y tardaría muchísimo para liberarse y atender a sus fans. Eduardo les hacía chanzas de todo tipo: “No sé por qué siguen esperando … ¡¡Ah!! Me olvidé de contarles … Me dijeron que Selena salió por la salida opuesta hace una hora…”. Sus hijas lo miraban con resignación y fastidio a la vez. Sabían que no era en serio lo que les decía, pero ya estaban acostumbradas. Su padre exteriorizaba su alegría así, con pequeños chistes que podían caer bien o mal, pero ellas preferían que se mantuviera así, que por lo menos no lo hacía con mala intención, que verlo fastidioso en serio, que ahí sí era de temer … Y no les faltaba razón. Cuando Eduardo se enojaba, allí exteriorizaba con crudeza todo su enojo y frustración, todo lo que él había acumulado por días, meses, años … y podía ser duro y despiadado … Mejor que estuviera así, pues al menos se sabía que no estaba enojado, hasta se podía decir que estaba gustoso de esperar. Y es que era así. En su fuero más íntimo, él quería ver a Selena, y si por allí se daban las cosas de una manera especial le diría todo lo que él sentía, todo lo que él esperaba para ella, o de él mismo, que eran en realidad la misma cosa … “¿No vieron que hace un ratito pasó un helicóptero? ¿No lo vieron? Pues les informo. Ese helicóptero la vino a buscar a Selena. Tiene que ir a un concierto en Nueva York mañana. Me lo acaba de informar A.B. que pasó hace 5 minutos por aquí … ¿No les conté?”, seguía insistiendo Eduardo. No podía con su genio. Podían ser chistes malos o buenos. Podía ocurrírsele cosas absurdas o ingeniosas, pero lo bueno de ello era que Eduardo tenía un poder de imaginación que pasaba el límite de lo insospechado. Con el tiempo Eduardo se dio cuenta de que si se hubiese dedicado a ello sería más feliz y hasta hubiese ganado dinero y vivido de estas pequeñas actuaciones, pero nunca lo supo porque no lo intentó ni se animó … Y ya era tarde para empezar con esta ocupación … Estaba por decir alguna que otra ridiculez más que pondría al borde del ataque de nervios a sus hijas hasta que de pronto apareció A.B. “¡¡No se preocupen ni se desesperen más!! Mi hermana me acaba de decir que saldrá en cinco minutos. ¡¡Ya los atenderá!!”. Las fanáticas comenzaron a gritar por Selena y A.B. les hizo un gesto de calma con la mejor de su sonrisa. Daniela con aire de sorna le dijo a su padre: “¿Pero no es que se había ido Selena en helicóptero camino a Nueva York?”. Estaba Eduardo pensando en algo producto de su imaginación para contestarle eso hasta que de pronto en el medio del alboroto A.B. saluda a Eduardo con un “hola” en el medio de que contenía a los fans y de que firmaba algunos autógrafos. Toda su familia se quedó sorprendida de la situación, aun cuando estaban todos acostumbrados a que a él le pasaran estas cosas, que mientras todos se desvivían porque los famosos le prestaran atención, esos mismos famosos lo saludaran a Eduardo sin conocerlo y sin que él saludara ni se acercara … “Es que no entiendes, Daniela. Es como yo te dije y la aparición de A.B. lo certifica. Ella ya se fue. Él me lo dijo hace un rato. Ahora está desviando la atención hasta donde pueda y venga otro a dar otra información …¡¡Por eso me saludó!!”, le dijo Eduardo con una sonrisa y con aire pícaro para exasperación de su hija … En el medio de todo ello se escuchó un griterío infernal. Había aparecido Selena y el caos era total. Todos se abalanzaron sobre ella y tuvo que contenerlos el mismísimo A.B. para tranquilizarlos y ordenarlos prometiéndole que todos tendrían su autógrafo. Selena saludó a sus fans uno por uno y empezó a firmar autógrafos a todos los que se lo pedían. Eduardo se desvivía por estar allí en el medio de todos los fans. Sentía un impulso terrible por hacerlo, pero se contenía … una vez más se contenía ... Si alguien se diera cuenta y lo llevara a la rastra para acercarse a Selena … Él se resistiría supuestamente pero no impediría que lo llevasen a ella … Sólo faltaba que alguien se diera cuenta … Sólo faltaba que alguien supiera lo que realmente deseaba, pero nadie lo sabía. Todos “sabían” que él quería estar lejos, bien lejos de todo, bien lejos de los artistas, bien lejos de lo que quería, bien lejos de sus sentimientos. En el medio del alboroto, Selena levantó la vista y lo miró a Eduardo. Él se quedó petrificado pero no dio señales de vida. Hasta se permitió mirar para cualquier lado, enfocando su vista en la gente que le pedía autógrafos. Cada tanto miraba de pasada para certificar que había sido casual todo, que no podía ser cierto. Alberto temía ser descubierto y que fuera la mismísima Selena quien se encargara de ponerlo en evidencia. Para colmo de males, sus hijas estaban entre los últimos lugares de espera y como si fuera una jugarreta del destino, cada vez que Selena parecía que les iba a firmar a ellas iba para otro lado y firmaba autógrafos a otros fans. Pasó el tiempo e iba quedando menos gente esperando. Las hijas de Eduardo estaban contentas a pesar de la espera y expectantes … Mónica, su esposa, en un momento se acercó y le dijo que si quería podía irse si estaba cansado de esperar, que ella se encargaría de sus hijas. Eduardo la tranquilizó diciendo que no había problema, que podía esperar todo el tiempo que fuera necesario … En ese momento vio que Selena levantó su vista hacia él y se sonrió. Lo hizo de una manera como si lo conociera de toda la vida, como si supiera quién era y cómo vivía y sentía la vida, como si supiera lo que realmente representaba ella para él … Pasó un tiempito más y sin que para Eduardo fuera una casualidad, Selena terminó firmando autógrafos a sus hijas casi en último lugar. Se deshizo de disculpas por la tardanza, pero a cambio no sólo le firmó todo lo que quisieron sino que mandó a A.B. a que le trajera unas remeras y unas fotos de regalo. Hasta sucedió que en el medio de la situación a Selena se le cayera uno de los aretes. Eduardo sabía que cuando a Selena le pasaba eso tomaba el otro y lo arrojaba al piso. Selena sorprendió a todos diciendo: “Un momentito. Un momentito. ¡¡Esperen!! El que encuentre primero mi arete tendrá un premio … ¡¡A jugar!!”. Mis hijas se abalanzaron sobre él y lo tomó Graciela. Daniela quería quitárselo, pero Selena la detuvo. “¡¡No, Daniela!! ¡¡No lo hagas!! Tu hermanita lo ganó en buena ley … Es de ella. Pero mira … ¿Quieres ganar el otro arete? ¡¡Tengo un juego para ti!!”. Daniela, totalmente entusiasmada, le dijo: “¡¡Claro, claro que lo quiero!! ¿Qué es lo que tengo que hacer?”. Selena la miró pícaramente y, mirando a Alberto, lo señaló y le dijo: “Dime, Daniela, se que has venido con tu madre, pero la persona que está allí contra un poste, ¿es tu padre?”. “¡¡Sí!!”, le dijo Daniela en cuanto corroboró el lugar que le señalaba Selena. “Pues bien, convéncelo de venir hacia mí que le tengo una sorpresita. Si lo logras, ¡¡el arete es tuyo!!”. Daniela miró a Selena, miró a su madre y dijo: “Pero Selena, él no va a querer venir. Lo conozco. No le gustan estas cosas…”. Selena se agachó, tomó de los hombros a Daniela mientras miraba a Mónica y le guiñaba un ojo: “Tú pídeselo. Dile que lo llamo yo y que lo haga por ti. Yo sé que lo hará…”. Daniela se dio vuelta y miró a su madre quien asintió con una sonrisa el pedido de Selena. Daniela corrió a ver a su padre y en cuanto llegó a él, le imploró: “¡¡Por favor, padre!! Selena me dará un arete suyo sólo si vienes a verla. Tiene algo para ti. Graciela tiene su arete. ¡¡Yo quiero el mío!! ¡¡Por favor, padre, hazlo por mí!! ¡¡Lo está pidiendo Selena!! ¡¡Ven conmigo!!”, le dijo su hija mientras extendía su mano. Eduardo miró hacia donde estaba Selena y notó que lo estaba mirando fijo con una gran sonrisa ... Con Selena no se iba a negar … Tomó la mano de su hija y fue hacia donde estaba ella. No quiso mirar a Selena hasta que la tuvo frente a sí … “Pero mira que eres difícil, ¿eh? … ¿Cómo te llamas?”, le dijo una sonriente Selena. “Eduardo…”, le dijo apenas, sintiéndose totalmente avergonzado. “Veo que eres calladito, al menos conmigo. ¡¡Mira que yo no le hago mal a nadie!! ¡¡No te voy a comer!!”, le dijo Selena a las carcajadas. “Mira, tengo algo para ti, ¿pero puedo decirte algo a solas? Quiero que lo sepas tú, sólo tú … ¿Lo aceptas?”. Eduardo la miró con aire sorprendido y sólo atinó a decirle: ¿Pero mis hijas, pero mi esposa? ¿Acaso querrán…?”. Selena lo interrumpió y se dirigió a Mónica y a sus hijas: “¡¡Hey!! Tengo un juego para Eduardo. Tiene que venir con mi padre a buscar su regalo y si él lo encuentra A.B. les dará lo que tiene en su bolsa a ustedes. ¿Aceptan?”. Todos dijeron que sí al unísono y a los gritos. Eduardo miró a su esposa esperando un gesto de desaprobación, pero lejos de eso ella le dijo. “¿No me digas que no vas a ir? ¡¡Hazlo al menos por nosotras!!”. Selena echó a reír a carcajadas mientras le hacía señas a su padre y a su hermano. “No se preocupen. No lo voy a secuestrar. Lo voy a traer bien prontito. Bueno, eso en realidad depende de él”, y se lo llevó de la mano a las risotadas, todo un sello de Selena. Eduardo hizo un gesto típico de un pollo mojado mientras saludaba tímidamente a su familia, y ellos lo despedían con felicidad y riéndose con ganas. Antes de que se fueran, Selena tomó el arete que le quedaba y se lo dio a Daniela: “Tómalo. ¡¡Es tuyo!! ¡¡Te lo ganaste!!” y le dio mil abrazos y mil besotes. Luego se fue con Eduardo y su padre a las apuradas y en silencio. Cuando se alejaron de todos, Selena le hizo señas a su padre y se quedaron solos. Allí Selena lo miró a los ojos y le dijo: “¿Sabes?. Me imaginé que tú venías con ellas. No sé por qué, pero lo presentía, y no pude dejar de pensar que tú querías estar para decirme algo, pero no te animabas. No te digo que lo hagas aquí. Sólo te pido que no te frustres, que hagas lo que te dice tu corazón. Intuyo que eres una buena persona, con nobles pensamientos y sentimientos. No te lo reprimas. Sé tú, tú mismo. ¿Quieres saber por qué he logrado algo de éxito? Siendo yo misma, no mintiéndole a nadie, siendo sincera. Es verdad. Yo lo hice por necesidad. Tal vez no lo hubiese hecho por mí misma. Pero ahora que lo viví, te lo puedo decir. La experiencia me ha hecho saber distinguir a las personas, no sé si a todas, pero me doy cuenta de lo que significan algunas expresiones, algunos gestos. Y sé que tú tienes lindos sentimientos, nobles pensamientos. Sólo exteriorízalos. No te quedes atragantado sin decir lo que piensas y sientes. Si lo haces te valorarán más de lo que te imaginas. Todos tenemos que sentirnos orgullosos de lo que somos desde el lugar que sea. ¿Me prometes que lo harás, aunque sea por mí?”. Eduardo quedó impresionado por lo que le había dicho Selena. No se imaginó jamás que le iba a decirse semejante cosa. Nadie, de hecho, se lo había dicho. Estaba shockeado pero feliz a la vez. Al menos alguien, y ese alguien era una persona que él admiraba, lo entendía, sabía que pensaba, qué sentía. Eduardo le prometió que así lo haría, que se lo prometía y Selena se lo agradeció con un dulce beso en la frente. “Bueno, ¡¡ahora vamos!! No quiero que piensen que te estuve torturando por un premio ... ¡¡Ah, espera!! … No, mejor adelántate y ve con los tuyos … Debo darte el regalo … Diles que ya ganaste, que yo descubrí lo que tú pensabas y que fui a darte los premios por tu participación y por ser honesto ... ¡¡Hey, daddy!! ¡¡Please!! Acompáñalo y diles lo que acabo de decirle a Eduardo … ¡¡Ya estoy con ustedes!!”. El padre de Selena se sonrió y se lo llevó a Eduardo con su mano apoyándolo en su hombro. Él se sintió protegido pero no pudo evitar preguntarle. “¿Selena es siempre así? ¿Tan vertiginosa?”. El padre de Selena se rió esta vez con ganas y le dijo: “Selena es así, así de especial. Ya me acostumbré a seguir sus ritmos y locuras. Pero creo que si no estuviera con ese ritmo alocado me sentiría desamparado. Selena es tan distinta, tan distinta a todo … Eso la hace especial y nos hace especial a todos. Sin duda ella marca la diferencia, pero mejor no sigo hablando a ver si me escuchan mis otros hijos y me malinterpretan … ¿Pero me entiende? Selena es la alegría de nosotros, de tanta gente, de tantos corazones … Sin ella nada sería igual … Usted lo pudo comprobar. Selena es la estrella pero hoy usted es el homenajeado y Selena misma se encarga de hacerlo sentir así … ¿Cuántos artistas vio que fueran así en la vida? Seguro que nadie. Ella suele decir que sin el público ella no sería nadie … Posiblemente eso sea cierto pero no menos cierto es que sin Selena nosotros tampoco seríamos nada … ¿Me entiende, Eduardo? Yo no sé qué haríamos sin Selena … Ella me cambió la vida, cambió la vida de mi familia. Ahora cambió la vida de todo el mundo, incluso la suya…”, dijo verborrágicamente el padre de Selena. Eduardo asintió en silencio. Le llamó la atención esa actitud del señor Quintanilla … No parecía ser así, pero evidentemente estaba emocionado por lo que generaba su hija y por lo tanto que la quería. Tiempo después Eduardo se acordaría de él ante tamaña pérdida. Eduardo siguió caminando hasta que volvió a ver a su familia. Sus hijas estaban muy contentas. Ni necesitó el padre de Selena decirle a A.B. que les diera lo prometido si su padre “ganaba” con el juego de Selena. A.B. les había dado todo lo que tenía a mano a sus hijas: “Es que las niñas la adoran y son muy simpáticas. Me ablandaron. No me pude resistir. ¿Hice mal?”. El señor Quintanilla pasó su mano por sobre la cabeza de su hijo y le sonrió a modo de asentimiento. Mónica se acercó curiosa a su esposo y le dijo: “¡¡Ey, Eduardo!! ¿Al final ganaste el juego? ¿En qué consistió?”. Eduardo la miró con aire mezcla de alegría y de tristeza a la vez y le dijo: “No gané. Ella ganó, pero me dio el premio igual por ser honesto. Se ve que valora mucho esas cosas. Pero ella lo hizo todo … Simplemente acertó en lo que estaba pensando…” … “Es que mi hija es así. Valora a la gente sincera. Además, está en todo y no se le escapa nada”, interrumpió el padre de Selena apoyando la declaración de Eduardo… Nada más espontánea y oportuna su intervención … De pronto apareció Selena con una caja y un papelito … “¡¡Aquí vine con el premio!! Supongo Eduardo que te gustaría saber que lo que has ganado es una prenda para tu esposa, ¿no?” y le guiñó un ojo. Eduardo asintió y Selena se acercó a Mónica. “Mira, es una pollera que no he usado y sé que a ti te irá bien. Soy buena con las medidas. ¡¡Ya lo corroborarás!! En un futuro pondré mi propia tienda de ropa y te podré regalar un vestido diseñado por mí misma … Pero esta pollera es muy linda, y sé que te gustará y te irá bien. ¿Qué dices?”. Selena abrió la caja, le mostró a Mónica la pollera y luego la sacó para medirla a ojo y certificar que le iría perfectamente. Mónica no sabía cómo agradecerle. “¡¡Ay, Selena!! ¡¡No sé cómo agradecerte tan lindos regalos!! Has tenido tan lindos detalles con todos … Aún no entiendo por qué nos regalas tan lindas cosas…”, le dijo emocionada. “No tienes nada que agradecerme. Yo le debo todo a mi público. Sin ustedes, ¿qué podría yo hacer? Igualmente, en este caso, agradécele a tu esposo. Él tiene mucho para hacer y decir. Yo sé que las quiere mucho, a pesar de que se esconda detrás de un poste”, dijo Selena y comenzó a reírse con ganas. Y por eso mismo, él no se lleva ninguno de estos regalos. Eso sí, yo le doy este papelito, que por allí le va a servir en el futuro … Al menos eso espero…” y le dio el consabido papel. Era un autógrafo. Eduardo lo miro y entendió muy bien lo que decía allí: “Think about yourself. You are the most important thing. If you’re alright, everyone else is, too. You’ll see they’ll thank you… Nothing is impossible if you want to do it. I hope I was right about what you keep inside your heart. Love. Selena. February 1991”. Eduardo asintió sin dejar de mirar el autógrafo, pero no pudo evitar escuchar a Selena que le preguntaba: “¿Me lo prometes?”. “Sí, claro que sí”, le dijo Eduardo y la abrazó casi al borde del llanto. “Entonces, ¡¡te espero en el futuro para ver si has cumplido con tu palabra!!”, le dijo Selena y lo despidió con un beso. Luego se dirigió a su esposa y a sus hijas para despedirse. Eduardo tuvo que pedirle a los gritos que la dejaran de una vez en paz a Selena, pero ella le dijo que esperara y Selena misma se encargó de despedirse sin necesidad de obligarlas a nada … Cuando ya se iban Mónica no pudo con su curiosidad y le pidió a su esposo el autógrafo que le dio Selena. Cuando le preguntó de qué hablaron o qué es lo que Selena “había acertado”, él sólo le dijo: “Simplemente acertó en lo que yo quería para mí. Es como si me conociera de toda la vida. Ahora debería cumplir para no defraudarla, para no defraudarlas, para no defraudarme…”
Eduardo salió de la habitación y no sabía qué hacer. Estaba tan triste como todos y quería abrazar a sus hijas y a su esposa y ponerse a llorar él también sin consuelo. Se sentía infeliz, muy feliz. Se sintió viejo y desamparado. En todo este tiempo nada había hecho por él y por ende no había cumplido con su palabra a Selena. Siguió soñando, aguantando, mascullando su frustración e inacción en silencio. Y buscó reemplazar su impericia depositando todas sus esperanzas en Selena. Si a ella le iba bien, a él también. Si ella triunfaba, él también. En el futuro procuró no cruzarse con ella, aun cuando fue a varios conciertos más, porque sabría que nada podría decirle cuando Selena le preguntara qué hizo por él y supiera que no tendría respuestas para ello. Y sabía que Selena no se olvidaría, que lo reconocería en cualquier lugar, en cualquier circunstancia. Él estaba aliviado de que no tenía ni su número de teléfono ni su dirección. Así Selena no lo demandaría. Ahora se sentía culpable y pensó en lo inevitable en estos casos. Pensó en si hubiese cumplido con su palabra y hubiese ido a ver a Selena para demostrarle lo mejor que estaba. Pensó en si hubiese ido aun sin cumplir para decirle eso y esperar la reprimenda. En estos casos uno se cree omnipotente y se convence de que uno podría haber cambiado la historia con alguna intervención a tiempo … pero es inevitable, inevitable pensarlo de ese modo, y más tratándose de Selena, y si no se conocía a Selena, más aún, tratándose de una artista tan joven y tan talentosa en su mejor momento …Eduardo buscó en un cajón que tenía bien guardado aquel autógrafo de Selena y se permitió leerlo nuevamente, acaso porque deseaba y quería fervientemente que no dijera lo que decía, que fuera más exagerada su memoria que la realidad. Pero lo volvió a leer y se sintió un infeliz. Volvió al balcón y lloró con fuerza, con todas las ganas y gritó al cielo: “¿Por qué, Dios? ¿Por qué te la llevaste? ¿Por qué no me llevaste a mí que no hice nada, absolutamente nada? ¿Por qué te la llevaste si Selena si estaba cumpliendo tu deseo, era una fiel servidora de tu palabra haciendo las cosas en forma tan honesta y responsable? ¿Por qué le hiciste eso? ¿Por qué no me llevaste a mí que soy un inservible?”. Eduardo pasó del dolor a la bronca, de la frustración a la furia. Entró a su habitación con el autógrafo en la mano, que se estaba mojando con sus manos llenas de lágrimas, de sus lágrimas. Preso de la angustia, de la frustración y de la ira, tiró el autógrafo al piso y estaba dispuesto a tomarlo de nuevo para romperlo, hacerlo añicos y tirarlo por la ventana. La presencia de ese autógrafo era la certificación de la ausencia de Selena como de su falta de palabras y de agallas. Fue hacia él pero se paralizó con el sonido de un fuerte relámpago. Esa lluvia persistente que cubría casi todo Texas era la personificación del inmenso dolor de aquel día, era el desconsuelo de todo un Estado que había perdido a su hija más querida mientras quedaban otros hijos que no merecían tal representación. Eduardo estuvo un largo rato inmovilizado y pensó que ese autógrafo era de las pocas cosas que le habían quedado de Selena, que no alcanzaba ni por asomo a suplirla pero al menos le servía para aferrarse a él, pues era como abrazar a Selena para que no se le vaya nunca más, para que no le borre nunca de su memoria, de sus sentimientos, de su corazón … Eduardo tomó cuidadosamente el autógrafo y se lo guardó. Ahora había que aguantar, había que superar la situación de alguna manera. No había que pensar, no había que reflexionar, no había que buscar un por qué. Sólo había que aguantar, soportar el dolor como fuera, como podía. Prendió la radio y vio que en casi todas las estaciones pasaban la música de Selena. Subió el volumen y se dirigió al comedor en el que estaban sus hijas llorando siendo consoladas por su esposa que también lloraba. En ese momento estaban pasando en una de las radios el tema “No me queda más”. El puso la radio sobre la mesa y espero el momento para cantar a la par de Selena: “No me queda más, que aguantar bien mi derrota y brindarte felicidad…”. Su familia lo siguió en su cántico, y así estuvieron por horas y horas. Eduardo había encontrado una fórmula para no pensar, para fugar para adelante, para procesar tanto dolor. Eduardo y su familia comenzaron a hacer lo que muchos más hicieron por mucho tiempo. Cantar, cantar y cantar una y otra vez los temas de Selena, comprar los discos que le faltaban, esperar que saliera material nuevo. Durante unos cuantos meses Eduardo llevó la situación como si nada hubiese pasado, como si todo fuera un sueño, una horrible pesadilla de la que pronto despertaría. Eduardo quiso creer que Selena algún día volvería, que todos se aclararía y que él volvería a ser feliz. Durante meses sólo cantó, quiso creer que Selena sólo fue a buscar a esa mala mujer como una guerrera que fue a pedirle explicaciones por su accionar y que recibiría una respuesta que era imposible de comprender. No. Selena no se había ido, creía o quería creer. Selena volvería con su disco en inglés, ese disco tan soñado, promocionado, esperado. Eduardo quería ver y escuchar a los Quintanilla para que le diera una explicación, sólo una explicación que le permitiera entender cómo ella no estaba en este mundo y él sí lo estaba. Eduardo fugó para adelante, como lo había hecho siempre, como lo único que sabía hacer. Selena ya no estaba para demandárselo, pero él debía hacer algo para no caer aun más en la densa realidad de su vida, de la densa realidad de un Mundo, de una vida sin Selena, de una humanidad sin su Amor…
Alberto nunca pudo ser el mismo después de todo ello. Trató de consolarse siguiendo las actividades que seguían al recuerdo de Selena y de hecho fue lo que lo sostuvo en aquel entonces. Como tantos otros se preguntaba por qué, por qué aquello y todo lo que surgía era tan claro como difuso. Miraba informes, programas especiales y todo lo relacionado con Selena tanto en los recordatorios como en el triste “caso policial” en el que en muchos aspectos se había reducido el recuerdo de Selena. Lloraba cada vez que veía a Selena, se impactaba cuando empezaban a surgir los primeros informes. Pero para él como para tantos no estaba nada resuelto. Las informaciones y los relatos que surgían denotaban que muchas cosas no quedaban claras, que algo faltaba en el relato. Vio un informe de Telemundo en el que mostraba a Selena yendo a las corridas al motel “Days Inn” en busca de aclarar los pleitos en el plano económico, que tenía una fuerte discusión con esa infame y que luego de eso vendría el disparo fatal. Podía ver cómo otros buscaban el lado “malicioso” y “amarillista” del caso, en el que personificaban en Selena el problema planteando, insinuando que por allí tenía una situación íntima, personal que la había llevado a ese inaudito final. Pero Eduardo no estaba preparado para soportar eso. Los que podían insinuar que Selena tenía una vida oculta, a escondidas de su familia, era ignorar lo que era ella realmente. Él, que la vio, lo podía certificar explícitamente, y así con él tantos otros. Empezó a asquearse de la situación y sentía que más que aclararse las cosas, se hacían cada vez más turbias. La familia hablaba de que la asesina los venía robando y ellos la habían descubierto, y después pasó lo que pasó, un poco por la confrontación, otro poco por la ingenuidad de Selena …. Pero mucho faltaba para que algo se aclarase. Por lo pronto, Eduardo se entusiasmaba, o quería entusiasmarse, con el nuevo material de Selena que saldría en julio. Él se había refugiado más y más en sus hijas, que aún estaba golpeadas y les costaba volver a sonreír. Para ellas Selena era su ejemplo, su modelo a seguir siendo certificado aquella vez que la tuvieron tan cerca. Daniela y Graciela cantaban como Selena, se vestían como Selena, bailaban como Selena. Para ellas Selena era la encarnación de que un mundo era posible, de que un latino podía triunfar como tal en Estados Unidos … Pero después del 31 de marzo … Selena siguió siendo el ejemplo, la meta, el modelo a seguir pero ahora era un ser distante, frío, ausente, melancólico, como una gran estatua que representa tanto sentimiento como tanta ausencia. Las hijas de Eduardo ya no se vestían como Selena, ya no bailaban, ya no cantaban. Les dolía hacerlo pues recordaban todo y no podían dejar de llorar, y por más que recordaran sólo lo bueno, sus encuentros con Selena, sus regalos, sus risas, su bondad, justamente por ese recuerdo de inmediato les golpeaba la “realidad” y contra ello no se podía … Daniela y Graciela se aferraban en silencio a todo lo que tenían de Selena y buscaban tener más cosas de ella donde quiera que estuvieren. Sólo así se sentían felices, era la única manera de tenerla siempre presente con el paso del tiempo y con el acostumbramiento de su ausencia ... Como el autógrafo de Eduardo, aunque allí estuviera el pedido de Selena que él por miedo no cumplió, por miedo a sí mismo …Fue tal la locura de ellos y de todo el mundo por tener algo de Selena que cuando salió el disco póstumo en inglés de Selena todos fueron en busca de él. Mónica miraba atónita cómo su esposo y sus hijas se aprestaban la noche anterior de la salida del disco a hacer la cola en una de las más importantes cadenas de venta de discos para comprarlo en cuanto abrieran la tienda. Mónica estaba triste pero estaba dispuesta a olvidarse, incluso buscaría un motivo, una excusa para que nadie siga con dolor toda su vida y para pensar en el mundo que tenían por delante. Pero el resto de su familia no lo pensaba ni lo quería y eso le preocupaba. Eduardo y sus hijas pasaron las de Caín para conseguir el disco: soportar horas la espera, hacer vigilias para que nadie se les adelante y entrar a las corridas en cuanto abrieran las puertas. Todo era una locura. La cantidad de gente ávida por tener ese disco de Selena demostraba la popularidad y lo querida que era Selena, pero también mostraba la locura en la que estaban todos inmersos. Eduardo llegó a tomar uno casi quitándole a otro que llegaba a él. Al poco tiempo se había agotado todo, y mucho tiempo y muchas ediciones tuvieron que pasar para que todos tuvieran el disco “Dreaming of you”. Contentos los tres volvieron a sus casas con el disco de Selena en mano, y en cuanto lo fueron escuchando no pudieron dejar de llorar, pues podían ver en esa edición en qué condiciones se fue Selena, grabando hermosísimos temas en inglés que serían un éxito seguro, mechado con viejos temas de Selena con nuevos arreglos para completar el disco. Nada más claro que ver en “Dreaming of you” lo que era y lo que pudo haber sido Selena, lo que generó y lo que podría lograr. Poco tiempo le duró la sonrisa a Eduardo. Se le había ido Selena y él nada pudo hacer para salvarla, no hizo lo que le pidió para que ella se quedara tranquila. ¿Y si era él el culpable de todo? ¿Y si todo eso sucedió porque él no le dio un motivo para que Selena estuviera contenta? Eduardo sólo espero en el juicio a la asesina un alivio, un motivo para poder seguir viviendo … Justicia, justicia para esa bella mujer y persona que era Selena…
El juicio a la asesina de Selena sacó lo peor de Eduardo y diría lo peor de la condición humana. Él, sus hijas, todo el mundo sólo querían justicia, sólo querían ver a esa mujer en la cárcel. Otros iban más lejos y pedían la pena de muerte. Eduardo no quería eso, pero se puso a pensar en lo insólito de las leyes … En el Estado de Texas existía la pena de muerte, pero no le correspondía a la asesina. En su caso puntual para que existiera esa posibilidad esa mujer debería haber matado a más de una persona, o tener antecedentes, o haber asesinado a alguien que se erigiera en autoridad guardiana del Estado. Eduardo se preguntaba si el sólo hecho de tener la mente tan fría para asesinar, salir a hacer el segundo disparo y desistir de hacerlo porque sabía que era irremediable el final no era un motivo más que suficiente como para darle la pena máxima. No podía entender que por no haber matado a un policía o por no haber matado a una segunda persona zafaba de la situación. Eduardo estaba lleno de odio y de rencor. Canalizaba su impericia en pedirle lo peor para esa mujer, y no era para menos. Pensó más de una vez que esa mujer había planificado todo, absolutamente todo. El juicio permitió saber más cosas del caso y allí se enteró de algo que él ignoraba y le inquietaba: que Selena acompañó a la asesina al hospital ese nefasto 31 de marzo, pues ésta decía que habían intentado violarla, y cuando volvieron luego del lugar sin querer esa pérfida que la atendieran vino la discusión y la tragedia. Eduardo estaba seguro de que esa mujer sabía todo y lo había planificado. Sabía del proceder de los médicos, sabía de cómo se manejaban las leyes texanas. Eduardo no pudo dejar de pensar que la asesina venía pensando en su detestable acto desde hacía mucho tiempo y que no dejó nada librado al azar. Y aun así no contó con que Selena, una vez más, la sorprendería al irse del lugar en vez de quedarse arrodillada a sus pies, y que entonces tuviera que optar por un plan “B”, y que ese plan no le alcanzara para ser declarada inocente. Eduardo estaba inquieto y nervioso. Cada cosa que sabía del caso lo atormentaba más y más. Pensó en esa corrida de Selena, pensó en ese anillo que mantuvo aferrado hasta el final. Pensó y sintió su angustia, y sintió toda su lucha para evitar que se le apagara el mundo. Y así como estaba seguro por el accionar de la asesina que ésta lo había planificado fríamente todo, también estaba convencido de que el anillo tenía un significado especial, muy emocional. Recordó aquella escena de los aretes y se imaginó a Selena haciendo lo contrario, porque esta vez, y por primera y única vez, ella sentía que se iba, que se iba de este mundo. Aferrarse, aferrarse a ese anillo … Era como él aferrándose a su autógrafo. Selena se estaba aferrando a la vida, como él. Selena quería vivir, Selena quería escapar y pensar que todo era una burda pesadilla … Desear que así lo fuera …Eduardo miraba la televisión, escuchaba la radio, leía los diarios … Buscaba alivio y lograba todo lo contrario … No paraba de llorar, no paraba de angustiarse, no paraba de desear cada día cuando se levantaba que nada fuera cierto, que Selena alguna vez aparecería en la pantalla de verdad, y no sus fotos, sus antiguos conciertos, sus consabidos reportajes … No … Quería que todo terminase de una vez y al mismo tiempo que no terminara nunca … Fue muchas veces con sus hijas a hacer vigilia en esas dos semanas que duró juicio en Houston para hacerle ver a los jueces, a los periodistas, a todo el mundo que todos estaban allí por una cosa, sólo por una cosa. Y si la pena máxima era la prisión perpetua, que así fuera. Pero no menos … Pero lo que más lo movilizaba era ver el desfile de tanta gente que hablaba de Selena con tanto desconocimiento, con tanta impunidad. Allí, específicamente allí, es cuando notaba la ausencia de Selena. Sabía que con Selena no vería esas escenas absurdas de gente peleándose, de gente acusándose, de gente con la osadía de poner en duda la honestidad de Selena. Todo el juicio asqueó a Eduardo. Se había transformado en un show mediático que dejaba pingües ganancias a muchos, ponía en primer plano a gente que de otro modo nunca lo estaría, convertía en estrellas a periodistas, jueces y analistas. Triste, todo era triste, pues la figura principal de esta historia, la que había generado todo esto no estaba presente, era la única ausente de esta historia tan linda en un principio y tan terrible al final con Selena como la única víctima. Eduardo quería estar allí, pues necesitaba demostrarle a todos que los que realmente querían a Selena, los que realmente la conocían, los que sabían lo que era y representaba estaban allí afuera, lejos de las cámaras, lejos del “lugar de los hechos”. Ellos estaban afuera, las 24 horas del día haciendo vigilia esperando un solo resultado, una única sentencia que les diera aunque sea un mísero consuelo ante semejante pérdida. Eduardo se sentía como Selena en aquel trayecto fatídico por el Days Inn. Se aferraba al resultado del juicio como Selena de aquel anillo, pero a Selena se le terminó cayendo, y él no sabía si podía sostenerse luego de semejante culpa, después de esa terrible ausencia. Eduardo esperaba que algún día viniera una señal de Selena que lo sacara de semejante martirio e irremediable destino. Cuando llegó el día y escuchó el resultado, se quedó mudo y estático en el medio de que sus hijas lo abrazaban y besaban, y de que era empujado y aturdido por una horda de fans que gritaba, cantaba, bailaba. Eduardo esperaba eso, pero ya se le iba un motivo más para luchar. Otra etapa de su vida con Selena -o sin ella, en realidad- se iba. ¿Qué podía esperar después? Eduardo le dijo a su esposa que se quedara con sus hijas y que se fueran a casa, que él se iría a caminar por allí solo. Mónica lo miró compungida y casi resignada. Sabía de lo que estaba hablando y cada vez estaba más preocupada, pero lo dejó ir. Eduardo caminó sin rumbo fijo, caminó, caminó y caminó. Nunca supo por dónde fue, sólo recuerda que vio edificios, carreteras, muchos árboles y el desierto mismo. No podía expresar nada. No sentía nada. Tal vez allí se dio cuenta verdaderamente de lo que había pasado aquel 31 de marzo. Eduardo cayó en la cuenta de que Selena no vendría más. Eduardo caminó hasta no poder más y recién allí emprendió el regreso a casa hasta que notó que se había perdido. Tuvo que preguntar dónde estaba y cómo regresar a su casa. Ya en un bus de regreso a su hogar pudo ver cómo San Antonio y todo Texas seguían festejando el veredicto del Gran Jurado. Cuando se bajó del ómnibus y antes de entrar a su casa, Eduardo notó que comenzaba a llover. Miró el cielo y lloró un largo tiempo. Ese día era tan perecido a aquel nefasto 31 de marzo … Para él ese día era verdaderamente el 31 de marzo. Entró a su casa y vio que lo esperaba su familia muy preocupada, aunque notó en la mirada de su esposa que ella esperaba que sucediera algo así. Las abrazó y les dijo que no volvería a suceder aquello. De hecho no volvió a llorar. Para Eduardo era el comienzo de una gran agonía, de una agonía de la cual él sentía que no saldría jamás, un Eduardo que sólo era sostenido por una quimera, del mismo modo que Selena sostenía su anillo para aferrarse a la vida. Daniela le dijo que ya estaban haciendo el casting para la película sobre Selena que se estrenaría pronto … Eduardo sintió que aún tenía ese imaginario anillo que sostuvo a Selena en esa larga corrida con su absurdo final…
En otras circunstancias seguramente sus hijas hubieran ido al casting, pero ellas no tenían ganas, como él. Entendía que tantas niñas de la edad de sus hijas se mostraran como Selena, se vistieran como Selena, quisieran trascender como Selena, quisieran llegar al triunfo como Selena … Pero ni para él ni para sus hijas eso tenía sentido sin Selena. Querían demasiado a Selena como para querer representarla a ella o ver a otras intentando triunfar a través de ella. El ver esa realidad lo ponía en la certeza del paso del tiempo, de un mundo sin Selena … Un día por curiosidad fue a ver uno de esos castings que se estaba haciendo en su ciudad. Al principio quedó sumamente shockeado … Ver a tanta gente tan bien caracterizada, tan parecida, tan igual a su Selena le producía un impacto muy fuerte. Pero acaso al ver a tantas adolescentes queriendo parecerse a Selena le dio la pauta de lo que significaba en aquel momento para un latino en Estados Unidos llegar, triunfar, hacer real el “gran sueño americano” … Y tal vez con esa certeza pudo comprender la magnitud de la fama de Selena que para muchos no era comprensible. Selena trascendía a su talento, a su éxito, a su fama. Selena era esa hermanita que les decía que no había que conformarse como máxima meta lograr tener un empleo y nada más … Selena les decía que podían permitirse hacer posible sus sueños … Que sólo había que proponérselo y trabajar duro para ello con honestidad, talento, verdad, sinceridad … Eduardo comprendió lo que significaba Selena para tanta gente y sobre todo para una generación … Pero él no podía alegrarse de todo ello sin sentir que Selena estaba presente para disfrutarlo. Eduardo recordaba que ese día el sol le pegaba fuerte, y se maldecía y se entristecía al pensar que Selena no estaba viendo el mismo sol que él veía y sentía … Pensaba que al fin y al cabo esas niñas podrían representar a Selena, pero no querrían parecerse del todo a ella, pues sabían el final que tuvo. Bien ellas podrían cuestionarse si ese modelo de los Quintanilla no podrían generarle otros problemas o que chocaran con los mismos … De hecho Eduardo lo pudo comprobar con la trascendencia que tomó Jennifer López en cuanto se le dio el papel de Selena en la película. Era obvio que los dueños de la Warner presionaran para que le dieran el papel a una actriz y cantante que aunque por ese entonces no era tan conocida, sí lo era más que todas las que se presentaban en los castings. Era un motivo más de atracción pero que indicaba la ignorancia de los ejecutivos de lo que significaba Selena para tanta gente. De todos modos, pronto lo comprobaron cuando sacaron una ganancia impresionante por el éxito de la película, del mismo modo que le sucedió a la gente de People cuando agotó dos ediciones de una publicación hecha en homenaje a Selena y que derivó en la creación de la revista “People en español”, del mismo modo que se impresionaron los directivos de la Emi cuando vieron tamaña locura por comprar el disco “Dreaming of you” y que le dio no sólo una ganancia impresionante sino la certeza de que debieron apoyarla desde antes con ese disco en inglés ya que seguramente hubiese sorprendido gratamente a más de uno … Pero ya era tarde, muy tarde para corroborarlo. Pero la que más comprendió lo que estaba pasando fue la mismísima Jennifer López. Todavía no era JLo, pero comenzó a serlo no sólo con el éxito de la película sino cuando fue proyectando su futuro a partir de estudiar el libreto de la película y de ponerse en la piel de Selena para comprender lo que sentía, lo que soñaba, lo que imaginaba para sí. Eduardo tuvo oportunidad de leer un reportaje a ella y de verla en una entrevista por la televisión con motivo del estreno de la película. Le llamó la atención que ella manifestara que era hora de que Hollywood se fijara en el mundo latino. Le resultó bastante curioso que dijera, en esa época en la que no era tan famosa, que un día estaba en Europa y que llamó a su madre toda angustiada pues no sabía qué hacer, y que recibió como toda respuesta que se las arreglara sola. “Tanto luchaste por llegar a tener un lugar en el mundo del espectáculo que ahora me vienes con estos berrinches. Ya sabes lo que tienes que hacer”, dijo Jennifer que le dijo su madre … No podía evitar Eduardo pensar que eso era imposible que a Selena le pasara, y que Jennifer López lo sabía. Por eso hizo esa declaración … Ella aprendió mucho de Selena para llevar adelante sus sueños, tuvo en cuenta lo bueno pero también lo no tan bueno de su vida. Cuando la vio antes del estreno de la película, no podía dejar de asociarla a Selena: hablaba muy mal el español, se reía en todo momento y daba la sensación de tenerlo todo muy claro, tan claro como que en el futuro diagramó su carrera de cantante como lo tenía pensado el padre de Selena para su hija, que consistía en hacerse una gran cantante internacional con proyección en el mercado anglosajón en todo Estados Unidos y Europa, sacar su propia línea de ropa y cosmética, trascender con su persona y no bajo la sombra de Selena, pero a la vez no renegar de por qué llegó a la cima, de cuáles fueron sus orígenes … Eduardo se apenó pues veía que JLo completó el camino hecho por Selena y fue ella quien mostró que era posible lograr el “sueño americano” con las ideas, el trabajo y la visión de Selena que las sintetizaba afirmando que nada era imposible, que todo se podía lograr … No pensaba ir a ver la película. Le parecía que era revivir aquella linda historia con un final tan doloroso como inaceptable para él, pero sus hijas lo convencieron. “Ven con nosotras, padre. Selena se pondría contenta si supiera que no la hemos abandonado, que aún la seguimos recordando y extrañando”, le dijo Daniela. Eduardo fue y quedó muy mal. Lloró cada momento, cada escena. Era revivir lo que él aún no podía cicatrizar ni admitir. Y así como por esas épocas leía a un periodista mexicano que decía que nada sería lo mismo en el recuerdo de Selena luego de la película pues en ella se dejaba la imagen de Selena como el mito y la leyenda, para dejar lugar a una simple mujer con sus sueños, con sus aciertos, con sus errores, con sus ambiciones, con sus ingenuidades, a Eduardo le parecía que nada podía ser lo mismo si alguien le ponía en imágenes la vida de Selena con su inaudito final. Eduardo sabía que ya no podría esperar a Selena, que sólo le quedaba esperar vivir un mundo sin ella. Se venía para Eduardo el peor de los dolores que es aceptar la realidad y seguir viviendo a pesar de todo. Pero eso a Eduardo no le gustaba ni lo deseaba. Decidió que algo debía hacer, que algo tendría que realizar para que este dolor de estar sin Selena fuera asimilable, para que fuera posible pensar que podría cumplirle aquella promesa que él no cumplió por su impericia y porque pensó que tendría mucho, mucho tiempo para hacerlo. Eduardo se lamentó después de lo que le sucedió a Selena de dejar todo para mañana, “pues mañana es otro día”. Grave pensamiento y actitud que si él no lo hubiese tenido, tal vez Selena estaría en este mundo triunfante y feliz, sobre todo, feliz…
Cierto día Eduardo se levantó en la mañana y sintió esa sensación tan temida … la del vacío. Ahora no tenía razones para desviar su dolor, ahora tendría que vivir en un mundo sin Selena, con su culpa a cuestas de lo que no pudo hacer, aunque sea por ella. Llegó ese día en el que debía dar cuenta de que ya no vendría, de que todo estaba perdido, de que Selena ya no estaría para alegrarlo. Llegó ese día en el que el paso del tiempo se haría lo suficientemente presente como para convertir a Selena en fotos y recuerdos, fotos maravillosas de un recuerdo cada vez más lejano. Ya no había canciones nuevas, ya no había juicios ni controversias, ya no había ni películas ni series que despertaran un nuevo interés o expectativa. Ya no habría novedades de Selena. Era la primera vez que Eduardo y tantos otros comenzaban a vivir de sus recuerdos, era la primera vez que sentía que nacían niños o tantas niñas llamadas Selena que no podrían afirmar haber visto a Selena, o incluso niños muy pequeños que dirían no recordar haberla visto. Eduardo pensaba que a partir de allí Selena podría sostenerse con los homenajes que le harían los que la han sabido querer y ya no con todo lo que pudo haber hecho …Eduardo sintió que ya no podía fugar para adelante, que ahora debería afrontar la realidad. Pero esa realidad era inadmisible para Eduardo. Él no lo podría resistir. Esa realidad de admitir lo que el mundo y esa pérfida le hicieron a Selena. Era demasiado para él. Eduardo se sentía un miserable pues él también le había fallado a Selena. Fue entonces cuando decidió marcharse de su casa. No tenía un destino concreto. Sólo se iba … huía una vez más ... Esperó que se fueran todos a dormir. Para asegurarse de que todos lo habían hecho y para no generar sospechas, se quedó un largo rato sentado en un sillón mirando fijo la chimenea. Pensaba en todo y en nada. Sentía que no podía seguir así, que era tal vez injusto que él no pudiera atender como correspondía a su familia, pero también sentía que debían entender sus sentimientos hacia Selena, y su desolación por su ausencia y por su culpa. Cuando sintió que ya no podía esperar más, se incorporó y se dirigió rápidamente hacia la puerta. Quería irse cuanto antes, quería saber qué haría una vez afuera y no dispuesto a mirar atrás. Cuando giró levemente la puerta oyó que alguien le decía: “Prométeme que antes de tomar cualquier decisión me dirás lo que piensas y sientes. Prométeme que me dirás lo que sientes para que yo confíe en ti y porque tú confías en mí”. Eduardo se paralizó por esas palabras y por la voz que las emitía. Se dio vuelta y era su hija Daniela que le extendía su mano con su expresión de pena y con lágrimas que le cubrían toda su cara. “Confía en mí, padre. Confía en nosotras. ¡¡Somos tu familia!! Dime lo que te sucede. Déjame ayudarte. ¡¡Déjate ayudar!!”. Eduardo miraba a su hija y podía ver a Selena tras ella rogándole lo mismo. Eduardo revivía aquel pedido de Selena que tanto lo atormentaba por no haberlo cumplido … Se abalanzó sobre su hija Daniela, la abrazó y lloró junto con ella un largo, largo tiempo … “¡¡Es que yo la quería, hija!! Yo la quería mucho y nunca se lo pude decir. Ni aun cuando me dio esa oportunidad. Apenas le prometí que trataría de hacer y decir lo que sentía, y no se lo pude cumplir … ¿Recuerdas el juego que hizo Selena para que tú ganaras su arete? Pues bien, cuando me llevó con su padre a su camarín me dijo algo muy parecido a lo que me dices y me hizo prometer que algo haría al respecto. Yo nunca hice nada y ya sabes lo que le pasó a Selena … ¡¡Ahora sé que nunca podré cumplir con mi palabra!!”. Eduardo siguió llorando mientras su hija le acariciaba la cabeza sin dejar de llorar. “¿Pero quién te dijo que no podrás cumplir con tu palabra ante Selena, padre? Ella está en algún lugar, ¿sabes? Yo lo sé muy bien. Ella está en algún lugar y nos observa qué hacemos por ella, qué hacemos por su recuerdo. Yo sé muy bien que Selena espera que la sigamos queriendo, que la recordemos siempre con Amor, como ella quería. Sé que se apenaría si nos olvidásemos de ella, como también que no le cumplamos con nuestra palabra. ¡¡Yo sé que nos está viendo padre!! ¡¡Aprovecha este momento!! ¡¡Aprovecha para cumplir con tu palabra!! ¡¡Empieza a ser tal cual eres, empieza hoy a cambiar!! Si lo haces habrás cumplido con Selena y nos pondrás contenta a todas nosotras, padre … Yo te quiero mucho. Yo ya no quiero verte más triste. Yo no quiero seguir mi vida sin sonreír. ¿Crees que así le hacemos un favor a Selena? ¡¡Vamos, padre!! Ya le estás cumpliendo lo prometido a Selena. Sólo prométemelo a mí que harás lo que le dijiste a Selena. Yo sé muy bien que ella nos está viendo y escuchando, y se pondrá muy contenta si me dices que sí”. Eduardo se quedó abrazada a su hija un buen rato hasta que dejó de llorar, se apartó de ella y le dijo: “Te lo prometo, hija. Siempre te diré lo que siento y haré todo lo posible para que todas se sientan bien. Siempre estaré con ustedes ... Me tendrás a tu lado y ¡¡sabrás que siempre contarás conmigo!!”. Su hija se sonrió y durante un buen rato permanecieron juntos con una sonrisa …. Nada mejor que compartir los sentimientos aquellos que dicen quererse ... Al otro día Eduardo juntó a su familia y les dijo todo lo que sentía y pretendía para sí y para los demás. A partir de allí su vida cambió. Decidió dedicarse a la veterinaria, que tanto le gustaba, y una vez que se recibió y pudo obtener un puesto en una asociación de cuidado de los animales y del medio ambiente, abandonó su antiguo trabajo. Antes que ello, fundó junto con sus hijas un club de fans de Selena en el que periódicamente se reunían admiradores de ella de todo el mundo y compartían todo tipo de material relacionado con Selena, y tenían largas charlas para recordarla y promover toda clase de eventos que promovieran su recuerdo con el fin de que no olvidasen nunca todo lo que Selena hizo con su obra musical y personal. Hasta logró reavivar en el Estado de Texas el Programa de Vuelta de los Niños al Colegio y la Campaña para Erradicar la Violencia contra la Mujer, con el apoyo de todas las autoridades y hasta de la mismísima Familia Quintanilla, quien no había olvidado aquella noche de los Tejano Music Awards y de lo que el padre de Selena le comentó sobre su hija a Eduardo … Él recordó lo que le dijo a su hija Daniela, miró al cielo y le sonrió con la seguridad de que Selena estaba allí, contenta con que nadie se había olvidado de ella y con Eduardo que estaba tan feliz siendo él mismo cumpliendo con su palabra…
Era un día muy soleado. Eduardo se levantó y se sintió muy feliz. Había logrado el día anterior que todos los que tenían derechos sobre discos, conciertos, reportajes y cualquier evento relacionado con Selena lo cedieran durante todo un mes de abril en aniversario de un nuevo cumpleaños de Selena y hasta obtuvo la promesa de que serían publicados en algún formato para que sean vendidos y con ello difundir toda la obra de Selena, tal como lo quería Eduardo. Fue allí cuando decidió ausentarse buena parte del día sin decirle nada a su familia más que debía ir a operar a un animal muy enfermo. Tomó su auto y se dirigió a Corpus Christi. En su bolsillo llevaba el autógrafo que le había dado Selena. Fue hasta el Gravesite en el que ella descansaba. Estuvo un largo rato sin animarse a entrar. Cuando pudo pensar que Selena se impacientaría esperando, avanzó hacia el lugar y se arrodilló. No quería mirar mucho para no quebrarse una vez más. Pero recordó que siempre era mejor exteriorizar sus sentimientos, máxime cuando sentía que podía estar ante Selena con la satisfacción de haber cumplido con su palabra. Lloró un largo rato en silencio hasta que recobró sus fuerzas y mirando el frío cemento con su figura le dijo: “Siento mucho haber tardado tanto tiempo en cumplir con mi palabra. Es que tuve … problemas. Tú me entiendes, Selena. Pero más vale tarde que nunca. Aquí tienes tu autógrafo. Ya no tiene sentido que lo tenga yo. Quiero que lo tengas tú con la satisfacción de que no te fallé y de que hago todos los días lo posible para que no se te olvide con cada acto de mi vida…”. Eduardo tomó su autógrafo y lo puso al costado del gravesite junto con la infinidad de notas que les dejan los fans de Selena como muestras de cariño para que alguien luego se los lleve y sean leídos por la Familia Quintanilla. Pero por alguna razón el autógrafo se caía y no había forma de ponerlo. Busco otros lugares y no había caso. Cuando quiso sólo apoyarlo en el gravesite y un viento suave lo depositó fuera de él entendió el mensaje. Eduardo se sonrió y le dijo a Selena. “¡¡Ya entendí, Selena!! Quieres que lo conserve yo. ¿Sabes qué? Mejor lo dono a la Familia Quintanilla. Tu padre se acuerda de mí y valorará tu pedido, y sabrá él también que cumplí con mi palabra y contigo…”. Eduardo puso su mano en su boca, le dio un beso y luego apoyó su mano en la cara de Selena que adornaba el gravesite. “Y te prometo que vendré más seguido, Selena. ¡¡Así sabrás que siempre estaré contigo y que jamás te dejaré sola!!”. Eduardo se incorporó y se fue alejando del lugar no sin dejar de mirar el gravesite y de saludar con su mano a Selena del mismo modo que se despide uno de una persona y no deja de saludar hasta que ya no la ve más … por ese momento. Eduardo pensaba dejar en el Museo de Selena su autógrafo y luego ir a San Antonio para seguir con sus actividades. Había mucho por hacer … y había mucho por cumplir. Eduardo quería volver al siguiente mes con buenas nuevas a Selena … Y sabía que lo lograría…
(El que quiere a Selena nunca se olvida de ella y nunca deja de llorarla. Pero como siempre digo, nada mejor a la hora de homenajearla y de recordarla que ser como ella, de ser como Selena en cada acto de nuestras vidas … Y ella nunca se dio por vencida, ella siempre se rio a pesar de todo, ella siempre luchó por lo que creía y por lo que amaba … Siempre será difícil asimilar su partida, pero peor es resignarse ante la realidad, pensar que no se puede hacer nada … Yo estoy convencido de que Selena está en algún lugar que pronto voy a encontrar … Mientras tanto la recuerdo con Amor, como ella quería, como ella quiere…)
Siempre estando presente para recordarte con cariño, sin resignación, con tanto Amor…
Sergio Ernesto Rodríguez
(Buenos Aires, Argentina)
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